Primavera, 2004

 


 
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Coreografías

ENTREVISTA *
Jacques Derrida y Christie V. McDonald
Traducción al castellano: Norma Fatala**


Primera pregunta

MCDONALD: Emma Goldman, una feminista disidente de fines del siglo diecinueve, dijo una vez del movimiento feminista: "Si no puedo bailar, no quiero tomar parte en su revolución". Usted, Jacques Derrida, ha escrito sobre el tema de la mujer y de lo que sea que constituye "lo femenino”. En Spurs / Eperons (Chicago y Londres: La Universidad de Chicago Press, 1978), un texto dedicado a Nietzsche, al estilo y a la mujer, usted escribió que “aquello que no se dejará aprehender por la verdad (¿la verdad?) es, en verdad, femenino"; advirtiendo que dicha proposición "no debería [...] ser confundida a la ligera con la feminidad de una mujer, con la sexualidad femenina, o con ninguno de esos otros fetiches esencializantes que todavía pueden atormentar al filósofo dogmático, al artista impotente, o al seductor inexperto que aún no se ha evadido de tontas esperanzas de captura."
Lo que parece estar en juego, cuando usted retoma la lectura heideggereana de Nietzsche, es si la diferencia sexual constituye o no " una cuestión regional en un orden más amplio que la subordinaría primero al dominio de la ontología general; seguidamente, al de la ontología fundamental y, finalmente, a la cuestión de la verdad (¿de quien?) del ser mismo". De este modo, usted cuestiona el estatus de la discusión y, al mismo tiempo, la cuestión en sí. En ese caso, si la cuestión de la diferencia sexual no es regional (en el sentido de

subsidiaria), si inclusive "puede no ser ya ni siquiera una cuestión”, como usted sugiere, ¿cómo describiría usted el "lugar de la mujer”?.

DERRIDA: ¿Puedo escribir, improvisando mis respuestas a medida que avanzamos? Sería más válido, ¿no es verdad? Una entrevista demasiado premeditada no resultaría de interés aquí. No veo la finalidad particular de tal empeño, su objetivo exacto. Sería interminable, o, más bien, con relación a estas cuestiones -que son excesivamente difíciles- no me habría atrevido a comenzar. Hay otros textos, otras ocasiones, para tan calculada premeditación. Juguemos a la sorpresa. Será nuestro tributo a la danza: debe suceder sólo una vez, no hacerse pesada, ni sumergirse demasiado profundamente; sobre todo, no debe demorarse ni perder el compás. Por lo tanto, no dejaremos tiempo ni para regresar a lo que está detrás nuestro ni para observar atentamente. Sólo daremos un vistazo [En francés, dar un vistazo es mirar por los espacios entre las cosas, entrevoir, es decir, entre-ver //Juego de palabras: inglés: interview: entrevistar /entrevista //]
Fue una buena idea comenzar con una cita de una feminista del siglo diecinueve, lo suficientemente disidente para requerir del movimiento feminista sus proposiciones y condiciones. Ya un signo de vida, un signo de la danza.

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