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Robert Marty |
Una pedagogía semiótica que se inicia con Mitologías es tanto más eficaz cuando articula con armonía el conocimiento erudito con el placer del texto, desmintiendo, por una vez, la palabra de Alain para quien “lo que interesa no instruye”. Mitologías prueba que el conocimiento cuando es verdadero, eventualmente iconoclástico, procura los placeres más nobles entre todos, que son aquellos del espíritu. Claro, que en todos los tiempos se pueden encontrar espíritus nostálgicos, generalmente cuestionados por el develamiento y la denuncia de sus mezquinas ideologías pequeño burguesas, para reactivar, en referencia a Barthes, el arma del anti-intelectualismo, esta arma absoluta que reduce inmediatamente el discurso delmitólogo a un puro sarcasmo sin verdad y por ello, sin valor. UN JUICIO PREMATURO... Servir Mitologías como un aperitivo semiológico, es aún más apreciado si podemos realzarlo con un poco de “angostura semioclástica” especial para seducir a los jóvenes espíritus, aunque no está exenta de ciertos peligros. Corremos el riesgo de embalsamar prematuramente a Barthes por su gran talento literario, un gran talento que sería sin embargo puesto al servicio de una teoría un poco reducida (expuesto en “El Mito hoy” que cierra la obra). |
relación a la complejidad de los fenómenos tales como los aprehendemos en la actualidad. En suma, todas las condiciones están reunidas para una“operación Astra” invertida que consistiría en decir algo bueno de Mitologías para poder hablar bastante mal de “El Mito hoy”. En efecto, visto desde una concepción explícita o implícitamente triádica del signo, las aproximaciones binarias aparecen estructuralmente más pobres (“degeneradas” en la terminología peirciana, un término técnico de esta teoría sin carga peyorativa alguna). Barthes mismo, ha prestado el flanco a tal “operación”, reconociendo claramente las limitaciones del binarismo –y en consecuencia del estructuralismo- cuando escribió: |
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