Primavera, 2004

 


 
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La dimensión perdida de Roland Barthes

Por Robert Marty
Traducido del Francés por: Liliana Kremer
Revisado por: Teresa Castellanos


“Se encuentra en el mito del esquema tridimensional del cual
vengo de hablar: el significante, el significado y el signo”
Roland Barthes.

Robert Marty
Professeur de Sciences de l'Information et de la Communication de 1ère classe à l'Université de Perpignan. Directeur du Service Informatique. Doctorat d'Etat és Lettres et Sciences Humaines. Doctorat d'Etat és Sciences Mathématiques. Diplôme d'Etudes Supérieures Mathématiques. Licence de Mathématiques. http://www.univ-perp.fr/see/rch/lts/marty/marty.htm

¿ FORMALIZAR O POETIZAR?

En revancha, los comentaristas de Barthes se regocijaron en remarcar su eclecticismo polisémico, su puesta en escena irónica de su propio proyecto balanceándose entre la seriedad de un militantismo ideológico anti-burgués en la búsqueda poética del sentido de las cosas y los rigores inoportunos y, por el contrario, aburridos de la formalización científica, para terminar dentro de la libertad absoluta de una escritura “por el placer” del autor y de los lectores. Para Eric Marty, el editor de sus Obras Completas, Barthes pertenece a la categoría de los escritores inclasificables “que suscitan tanto la admiración como el escepticismo” y para quienes “la escritura es su única cualidad.” ¿Qué sería necesario entonces retener de los Elementos de semiología?¿La calidad de la escritura? ¿Hay que tener por nula y no venturosa la laboriosa modelización del Sistema de la Moda que tiene ocupado a Barthes durante seis años e invalidar todos los investigadores que en su huella han batallado con sintagma y paradigma para perfeccionar la inteligibilidad de los sistemas de signos no lingüísticos? La hipótesis de Eric Marty según la cual el verdadero proyecto de Barthes era finalmente poetizar y que su propósito ideológico y desmistificador no era más una cobertura, ¿exhonera a Barthes del estatus de investigador, y su producción teórica se vuelve insignificante; debe ella así como así escapar a toda crítica? ¿Y si fuera este el verdadero proyecto de Barthes?
¿Quedar inclasificable para siempre para poder escaparse de toda crítica? ¿Y si él hubiera elegido, deliberadamente ser el ornitorrinco de la teoría literaria, de construir concientemente un interminable malentendido sobre su estatus destinado a asegurarle un verdadero estatus de inmortal, adquirido por grandes esfuerzos de piruetas calculadas y de distancias cuidadosamente medidas que le aseguren ser el único de su especie, de su género y de su

clase? Escapar a eso que él llama “el regreso del significado” (es decir a lo instituido) para que su obra sea por siempre un “Texto” (es decir un instituyente capaz de generar indefinidamente nuevas lecturas), no es un proyecto barthesiano por excelencia que, lejos de excluir la teoría la incorpora en esta semiosis infinita desde su origen pues “el texto ha sido antes teoría”, todas estas cuestiones, siendo muy interesantes, dan cuenta de la Historia Literaria así como que el ornitorrinco lo hace en la Historia Natural, pero ninguna taxonomía ha cambiado nunca la naturaleza de las cosas, a lo sumo la mirada que tenemos sobre ellas. Mis propósitos son ajenos a estas consideraciones y entrar en este juego conduciría a denegar a Barthes el estatus que él ha adquirido dejándose perder de cuerpo entero en la dialéctica de la teoría y de la práctica de los signos. Su elaboración teórica, sus prácticas analíticas pertenecen, lo queramos o no, a un cuerpo de doctrinas constituida en corriente de pensamiento semiológico y a ese título él debe ser objeto de una critica radical y serena por parte de la comunidad científica. Sería de una facilidad culpable aceptar que un autor pueda ser sustraído al juicio de la crítica teórica por el motivo que él se expresa desde el Arte de la Escritura, y sería una mala conducta hacía el autor mismo cuya voluntad de fundar en la razón una doctrina no sea puesto en duda. Mi tesis es que el fracaso teórico aparente de Barthes, si es que hay fracaso, debe ser imputado a la ideología binaria estructuralista hegemónica de su época a la cual él ha cedido realmente y no a su reflexión personal sobre los signos de lo cual voy a mostrar que en el origen, antes de su puesta en conformidad “estructuralista”, ella era fundamental e irreductiblemente triádica. En términos metafóricos Barthes habría estado exigido de cortarse un brazo para poder ponerse el traje estructuralista, la vestimenta correcta y de rigor en sus tiempos.

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