Primavera, 2004

 


 
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El discurso romántico en la calle:
el piropo venezolano

Por Dobrila Djukich de Nery
Lab. de Investigaciones Semióticas y Antropológicas,
Fac. Experimental de Ciencias. Universidad del Zulia
CONDES 871-99.
Dobrila@icnet.com.ve, www.dobrila.s5.com
http://www.geocities.com/paris/jardin/4256
Maracaibo, Venezuela


Resumen

El piropo se define como expresión de admiración, requiebro o lisonja, que una persona le dice a otra, fundamentalmente en la calle. Para Calvo (1997), designa una variedad de expresiones con variados matices, que van desde el elogio y la admiración hasta el insulto y la burla; y Orocú (1999) los clasifica como piropos formales, poéticos, atrevidos, delicados y con connotaciones sexuales. El propósito de este estudio es analizar el discurso romántico en la calle a través del piropo venezolano, para lo cual se utilizaron 300 ejemplos recopilados mediante una encuesta aplicada en las principales ciudades del país. Se analiza “el modo de aparecer” de los elementos del discurso (Landowski, 1997), su estructura funcional ubicada en la espacialidad (Destinador- Piropero, Destinatario- Piropeado(a). Los resultados obtenidos sugieren que los ejes semánticos giran entre la afirmación y la negación, y la modalidad que se instaura en estos binomios es la del Querer-Desear en dos vertientes (el Querer ser del otro y el Querer que el otro sea suyo). El piropero venezolano, al igual que el latinoamericano (Djukich y Rincón, 2000), destaca dieciséis partes del cuerpo; mientras que el piropo románticoestá dando paso al antipiropo, porque piropear con elegancia o con poesía resulta extemporáneo.

1. INTRODUCCIÓN

En este trabajo, se analiza el piropo como aproximación a una manifestación de la cultura oral y de la cultura del Eros, por intermedio de la percepción del Cuerpo (masculino y femenino) y todas sus posibilidades creativas.
Se enfoca ese instante de echar un piropo, como creador de un espacio expresivo con un sinfín de signos contrastantes, que pueden ir desde los más románticos a los más grotescos. Como tal, forman parte de la sociedad desde hace milenios y con este estudio guardaremos para la memoria colectiva una manifestación expresiva popular en toda Latinoamérica.

2. LA GÉNESIS DEL PIROPO

Piropo es una palabra griega, de Pur: fuego y wpy: aspecto (deriva el nombre del color del

 
carbúnculo, de un rojo intenso como la grana, semejante al fuego, granate). A principios del siglo XVII, se usó con frecuencia en tratados y poesías como símbolo de lo brillante, y comparándolo con lisonja para una mujer bonita; en sentido literario, significaría chispazo, fogonazo de ingenio, palabra encendida; sus sinónimos son: lisonja, requiebro, adulación, galanteo.
Piropo es el que se produce entre un(a) emisor (a) quien le dice algo a un(a) receptor(a) desconocido(a), en la calle. El piropo es callejero, improvisado, ocasional, una costumbre oral y popular. Ahora bien, sólo cuando forma parte de un proceso de conquista, enamoramiento, flirteo, noviazgo… entonces es el primer eslabón de un ritual amoroso.

“Que me disculpe el santo de la catedral, de todas las vírgenes que allí he visto, ninguna tiene la cara tan bella como la de usted”

(Dicho por un español, en Santiago de Compostela, el 30/9/99, año Xubileo)

3. EL CORPUS

En Venezuela se recogieron más de 400 piropos en diferentes sitios y ciudades: aulas de colegios, liceos y universidades y en la calle, con lo que se cubrió casi toda la geografía venezolana.
La edad del piropero va desde los 8 hasta los 86 años, y entre ellos, los varones de 15 y 16 años son los que dicen más piropos; luego las jóvenes entre 15 y 20 años le ganan a los muchachos en el arte del requiebro. Seguidamente, los hombres de 45 años en adelante vuelven a la costumbre de lisonjear a las mujeres.

4. Perdurabilidad del piropo.

En la mitología de las antiguas civilizaciones, en las distintas religiones y en la literatura de todos los tiempos, las diversas partes del Cuerpo, especialmente del cuerpo femenino, han sido mitificadas o sacralizadas. Probablemente, el primer galanteador fue Adán, y Eva le indicó el camino.
Parafraseando a Ortega y Gasset (1966), observamos que para el hombre, la mujer

 


Piropo - por Mariano Bertuchi, 1884-1955

primero fue una presa que se cazaba como un botín, después la presa se torna premio porque “el botín de su feminidad no se (puede) poseer si no se gana” (p. 8), y de allí en adelante comenzaron los juegos cortesanos.
Así, a lo largo de la historia el hombre ha construido un ideal de mujer y de la belleza, y la literatura se ha encargado de mitificar al mejor piropero: el Don Juan.
Hoy se siguen elaborando múltiples teorías sobre el cuerpo, mezclando ópticas, antropológicas, religiosas, estéticas. Muy poéticamente afirma Víctor Fuenmayor (1999) que: “Pasando las experiencias corporales hacia las otras artes que no (son) la danza, por medio de la expresión corporal integral, los resultados me (parecen) halagadores: el cuerpo (es) sonido, música, colores, formas, como si el movimiento fuera abriendo el campo de la complejidad que lo ayuda a expresarse en muchos de los sentidos” (p. 27). En una clasificación esquematizada que hace Hascöet-Duvignaud (1998), presenta varias partes del Cuerpo, tratando de construir una Isotopía de la muerte, a través de la combinación de elementos consecuenciales que van desde el temor, el pecado, el castigo y el juicio final que lo produce toda carne mortal.
Nuestra isotopía sobre el Cuerpo se mueve en vaivén como danza del amor o del odio, lo que no desdice el estudio de este autor, puesto que entre los requiebros recogidos se manifiesta este temor a la muerte, sólo que aquí se le idealiza o ridiculiza. De hecho, este sentimiento sobre la muerte ha preocupado al ser humano desde siempre afectando sus discursos (Finol y Djukich, 1998).
La focalización se centra en el mensaje,

     
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