Astor Piazzolla y "Las cuatro estaciones porteñas"

Por Maximilano Ribichini
Profesor y concertista de flauta traversa.
Titulo otorgado por el Conservatorio “Giuseppe Verdi”, Milán, Italia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Reseña biográfica

Fue sin lugar a dudas uno de los músicos más grandes de la historia musical Argentina. Nació el 11 de marzo de 1921 en Mar del Plata. En 1925, su familia se radica en New York hasta 1936.

En 1929, su padre le regala el primer bandoneóny comienza sus estudios con Andrés D’Aquila y realiza su primera grabación en 1931 para una publicidad.

En 1931 comienza a tomar clases de música con el pianista húngaro Bela Wilda, discípulo del grande Rachmaninov y del que mas tarde dijera “Con él aprendí a amar a J. S. Bach”. Poco después conoce a Carlos Gardel que se hace amigo de la familia.

En 1936 retorna con su familia definitivamente a Mar del Plata y allí la inclinación de Astor por el tango, lo lleva a radicarse en Buenos Aires en 1938. Tenía solo 17 años. Alterna en diversos conjuntos de segundo orden hasta que en 1939 logra ingresar como bandoneonista en la orquesta de Aníbal Troilo (Pichuco), y a quien Astor reconoce como uno de sus maestros.

Astor siente la necesidad de avanzar musicalmente y en 1941 inicia sus estudios musicales con otro gran compositor argentino, Alberto Ginastera, y más tarde en 1943 estudia piano con Raúl Spivak. En 1942 se casa con Dedé Wolff y nacen sus dos hijos: Diana en 1943 y Daniel en 1944.

Sus arreglos y composiciones son demasiados avanzados para su época y terminaron por hacer que Troilo las adecuara para no espantar los bailarines de las pistas.

En 1949 Astor siente la necesidad de disolver la orquesta que había formado en 1946 y apartarse del bandoneón y del tango. Tenía necesidad de buscar otros destinos, sigue estudiando composición y dirección de orquesta (estudia mucho autores como Bartok y Stravisnky), escucha muchísimo jazz. A los 28 años decide abandonar definitivamente el bandoneón para profundizar sus estudios musicales.

En 1953 presenta la obra Buenos Aires, compuesta en 1951, en el concurso Fabien Sevitzky; Piazzolla gana el primer premio y la obra es interpretada por la Orquesta Sinfónica de Radio del Estado. Estalla el escándalo debido a la indignación que provocó en cierto sector “culto” del público la incorporación de dos bandoneones a una orquesta sinfónica.

Uno de los premios que ganó en este concurso, fue una beca otorgada por el gobierno francés para estudiar en París con Nadia Boulanger, considerada como una de las más grande pedagogas que había en el mundo de la música. Al comienzo Astor trata de ocultar su pasado tanguero y de interprete de bandoneón creyendo que su destino estaba en la música clásica. Esto crea un conflicto entre ellos lo cual lleva a Piazzolla a interpretar un tango. De allí surge una recomendación histórica: “Astor, sus obras eruditas están bien escritas pero aquí está el verdadero Piazzolla, no lo abandone nunca”. Después de este episodio Piazzolla retorna al tango y al bandoneón. En París compone y graba una serie de tangos con la orquesta de cuerdas francesa.

Cuando regresa a la Argentina en 1955 forma el Octeto de Buenos Aires, que es el inicio de la era del tango contemporáneo. Formado por 2 bandoneones, 2 violines, contrabajo, chelo, piano y guitarra eléctrica, produce grandes innovaciones que lo llevarán a enfrentarse con los tangueros ortodoxos. Comienza una revolución en solitario y a ganarse la eterna enemistad de muchos tangueros.

En 1958 disuelve el octeto y viaja a New York a trabajar como arreglador, en este período actúa en Estados Unidos, donde realizó la experiencia negativa del Jazz-Tango y donde a raíz de la muerte de su padre en 1959 escribe en New York Adiós Nonino. Regresa de nuevo a Argentina donde forma el Quinteto (bandoneón, violín, bajo, piano y guitarra eléctrica). Esta formación fue la que más perduro y la más querida por Piazzolla; la síntesis musical que mejor expreso sus ideas.

Graba en 1965 dos de sus discos mas importantes: Piazzolla en el Philarmonic Hall de New York, que reproduce las obras del concierto con el quinteto en mayo de 1965 en ese sitio; y El Tango de valor histórico producto de su unión con Jorge Luis Borges. En 1968 inicia su extensa labor con el poeta Horacio Ferrer con quien compone la operita María de Buenos Aires, y en 1969 Balada para un Loco.

Junto a Horacio Ferrer viajan en 1970 a París donde componen el Oratorio El Pueblo Joven, que se estrena en Saarbruck (Alemania). Realizan una serie de conciertos en Buenos Aires y en Italia donde graba varios programas para la RAI.

Finalmente en 1972 y luego de grandes polémicas se presenta por primera vez en el Teatro Colón de Buenos Aires. Su primera presentación tuvo un éxito absoluto. Debido a su gran actividad artística sufre un infarto en 1973 que lo obliga a reducir un poco sus actividades. En este mismo año se radica en Italia donde inicia una serie de grabaciones que cubren cinco años de actividad. La grabación más famosa fue Libertango que sirvió como carta de presentación ante el público europeo.

En este periodo “Italiano” graba Summit, junto al gran saxofonista Gerry Mulligan, con una orquesta de músicos italianos. La música de este disco se caracteriza por el tratamiento exquisitamente melódico del bandoneón y del saxo sobre una base rítmica.

En 1976 conoce a la que sería su última mujer Laura Escalada, y en diciembre del mismo año lleva a cabo un concierto en el Gran Rex de Buenos Aires donde presenta 500 motivaciones, escrita para el conjunto electrónico. Esta sería la última formación de carácter eléctrico ya que repentinamente Piazzolla deja de tomar como referencia la sonoridad del tipo Chick Corea y a pesar de que el conjunto hacía buena música no lo consideraba el verdadero Piazzolla. Nace de esta manera, en 1978, la segunda etapa del quinteto dejando la música electrónica y dedicándose a la música de carácter camarístico y sinfónico.

Los proximos diez años son los mejores de Piazzolla en cuanto a su difusion. Se intensifican los conciertos por Europa, Sudamérica, Japón y Estados Unidos. En un período que llega hasta 1990 realiza muchísimos conciertos con el Quinteto, y también como solista de orquestas sinfónicas y de cámara. Realiza además numerosas grabaciones en vivo lo que lleva a confirmar la teoría de estudiosos del Tango Argentino, que sostiene que la música de Piazzolla no existe si no es interpretada por él; lo físico es una característica de su estilo, al que podríamos definir como una estética del cuerpo en estado de música.

Escribe en 1982 Le Grand Tango, para Chelo y Piano dedicada al gran cellista Mtislav Rostropovitc y que fuera estrenada por éste en 1990 en New Orleáns.

En 1984 actúa con la cantante Italiana Milva, y con Quintento en Viena donde graba el disco Live in Wien. Es nombrado 1985 ciudadano ilustre de Buenos Aires en 1985 y estrena el Concierto para bandoneón y Guitarra: Homenaje a Lieja, con la dirección de Leo Brouwer en el Quinto Festival Internacional de la Guitarra en Bélgica. En 1986 recibe en París el Premio César por la banda sonora del film “El exilio de Gardel” y graba junto a Gary Burton la Suite for Vibraphone and New Tango Quintet, en vivo en el Festival de Jazz de Montreux, Suiza. En 1987 realiza un concierto con la Orquesta de St. Luke’s dirigida por Lalo Schifrin donde interpreta el Concierto para bandoneón y Tres Tangos para Bandoneón y Orquesta. Estas obras son consideradas como unas de las mejores composiciones realizadas para bandoneón y orquesta.

En este mismo año realiza un concierto en el Central Park de New York frente a un público masivo que, para Piazzolla, tiene el valor de una reivindicación histórica. La ciudad donde pasó su infancia, en la que quedó impresionado por la música de J. S. Bach y el Jazz y en donde fracasó en 1958, finalmente le presta atención a su música.

En 1990, en París, sufre una trombosis cerebral y luego de dos años de sufrir las consecuencias de esta enfermedad, muere en Buenos Aires el 4 de Julio de 1992.

Toda su obra en la que consigue una sigularidad creadora e insoslayablemente argentina comienza a tener influencias sobre los mejores músicos del mundo, como el violinista Guidon Kremer, el Cellista Yo-Yo-Ma, el Kronos Quartet, los pianistas Emanuel Ax y Arthur Moreira Lima, el guitarrista Al Di Meola, los Hermanos Assad y numerosas Orquesta de Cámara y Sinfónicas. Una obra que se caracteriza por su potencia estética y su rasgo único. No se parece a ninguna otra música, puede gustar o no, no existen términos medios; impacta y fascina. Se trata de un lenguaje particular donde mezcla el jazz, la música clásica, la exploración estética y tímbrica con el drástico pulso de su tango.

Entre sus composiciones mas famosas figuran: Adiós Nonino, Libertango, Concierto para Quinteto, Las cuatro estaciones porteñas, Tristezas de un Doble A, Soledad, Muerte del Ángel, Tanguedia, Violentango, María de Buenos Aires, Fuga y Misterio, Calambre, Oblivion, Vuelvo al Sur.

Sin lugar a duda fue unos de los músicos más grande de nuestro país y actualmente nos sigue representando en todas partes del mundo. En diferentes universidades y conservatorios europeos se estudia mucho su manera de componer, la manera que tenía de amalgamar los diferentes sonidos e instrumentos.

Piazzolla por él mismo. 

En un reportaje realizado en 1989 en Chile a Astor Piazzolla entre otras cosas contó:

Que en sus inicios trabajaba tocando su bandoneón “en cuanto cabaret había en Buenos Aires” y también comenzaba a componer. Osado, se presentó en la casa que el pianista Arthur Rubinstein tenía en la capital argentina, con una pieza bajo el brazo. “Era una obra tan espantosa”, recordaba entre risas, “que yo decía que había compuesto un ‘concierto para piano’, pero no le había hecho la parte de orquesta...” De todas formas, obligó a Rubinstein a leerlo, “y a medida que lo iba tocando, me fui dando cuenta del disparate que había hecho. El tocaba un poco y me miraba, y de repente me dice: ‘Le gusta la música?’ ‘Mucho maestro’, le contesto yo. ‘Entonces, por que no estudia?’ me contestó”

El mismo pianista polaco llamo por teléfono a su amigo, el compositor Alberto Ginastera, y le dijo que tenía a un joven ansioso de aprender. A las ocho de la mañana del día siguiente, Ginastera, que en ese tiempo estaba comenzando a presentar las obras que lo harían mundialmente famoso, tenía a su primer alumno frente al piano; y Piazzolla, a su primer profesor de composición.

“Era como ir a la casa de la novia”, se sonreía nostálgico Astor. “El me enseñó el misterio de la orquesta, me mostró sus partituras, me hizo conocer y a analizar a Stravinsky. Ahí me metí en el mundo de ‘La Consagración de la Primavera’, me la aprendí completa de memoria...” Seis años duraron las clases. Piazzolla se lanzó a componer como un loco:

-Yo mismo me transforme en un ‘autogenio’. Tenía un bajón con el tango, lo había abandonado por completo y en cambio, era compositor de sinfonías, de oberturas, de conciertos para piano, música de cámara, sonatas... Vomitaba un millón de notas por segundo.

- Y como era la música de Piazzolla en ese...?

- Pará!, que ahora viene la historia. Entonces yo escribía y escribía, durante diez años, sin parar, hasta que el año 53 Ginastera me llama y me dice que hay un concurso para compositores argentinos. Y yo le dije que no, porque se estaban presentando todos los ‘grandes’ de ese momento. Al final mandé una pieza mía que se llamaba Sinfonietta. Cuando se estreno, los críticos me dieron el premio a la mejor obra del año. Automáticamente, el gobierno de Francia me dio una beca para estudiar con Nadia Boulanger, en París.

Casi nada fue igual para Astor Piazzolla a partir de ese momento. Porque tuvo que irse a Europa para que una francesa le dijera quien era él, para que le enseñara a rescatar lo que había de propio en su creación:

- Cuando fui con todos mis kilos de sonatas y sinfonías bajo el brazo y se los di, le dije: “Maestra, este es mi premio, lo recibí yo, en fin, aquí están mis obras...” Ella leía las partituras que era un monstruo, así que empezamos a analizar mi música y salió con una frase que me pareció horrenda: “Esta muy bien escrita”. Y paró, con un punto redondo así como una pelota. Después de mucho rato, me dijo: “Acá usted se parece a Stravinsky, se parece a Bartok, se parece a Ravel, pero ¿sabe lo qué pasa? Yo no encuentro a Piazzolla acá”. Y entró a investigar mi vida particular, que hacía, que tocaba, que no tocaba, donde vivía, si era casado, si estaba juntado, parecía del FBI! Y yo tenía mucha vergüenza de contarle que era un músico de tango, absoluta vergüenza tenía. Al final le dije: “Yo toco en un nightclub”. No quise decir cabaret. Y ella: “Nightclub, mais oui, pero eso es un cabaret”. “Si”, respondí y pensaba: “A esta vieja le voy a dar con un radio en la cabeza”. Se las sabía todas!

- “Usted me dice que no es pianista, ¿qué instrumento toca, entonces?” -insistía ella-. Y yo no quería decirle que tocaba el bandoneón, porque pensaba “ahí esta me tira por la ventana del cuarto piso con bandoneón y todo”. Finalmente se lo confesé y me hizo que le tocara unos compases de un tango mío. De repente abre los ojos, me toma la mano y me dice: “¡Pedazo de idiota, esto es Piazzolla!”. Y agarré toda la música que había compuesto, diez años de mi vida, y la tiré al diablo en dos segundos.

Nadia Boulanger lo hizo estudiar, durante 18 meses –“que me sirvieron como si hubieran sido 18 años”-, solo contrapunto a cuatro partes. “Después de esto”, le decía, “usted va a escribir un cuarteto de cuerdas como se debe. Acá va a aprender, de verdad que sí...”

“Ella me enseñó a creer en Astor Piazzolla, en que mi música no era tan mala como yo creía. Yo pensaba que era una basura porque tocaba tangos en un cabaret y resulta que yo tenia una cosa que se llama estilo. Sentí una especie de liberación del tanguero vergonzante que era yo. Me liberé de golpe y dije: ‘Bueno, tendré que seguir con esta música, entonces’”

- En todo caso, usted ya había optado por no abandonar el sistema tonal, como tantos compositores de su generación...

- Sí eso sí… Piensa y recuerda nuevamente a su maestra: Nadia no gustaba de la música contemporánea. Ella, por ejemplo, me contó un día: “Un alumno me invito anoche a un estreno suyo... (se trataba del entonces muy joven Pierre Boulez) que suerte que en la segunda parte tocaron Monteverdi!”. Nada más (se ríe). Así era ella: terminante. Yo le tenía terror, porque lo sabía todo. Ya estaba por irme a Buenos Aires y le mandé a Nadia Boulanger uno de los discos que había grabado. Ella me escribió una carta muy linda en la que me decía que ya había escuchado mucha música mía por la radio y que estaba orgullosa de que hubiera sido alumno suyo.

- Y usted, tiene alumnos de los que se sienta orgulloso, hay musicos que se puedan considerar sus discípulos, que sigan su linea?

- Yo digo: que cada uno se las arregle, ¿no? Si escriben como yo, peor para ellos. Al que puede seguir este estilo de tango, este estilo de vida que yo hago con la música, eso sí. Pero mi principal estilo es haber estudiado. De no haberlo hecho, no estaría haciendo lo que hago, lo que hice. Porque todos creen que hacer un tango moderno es hacer ruidos, es hacer cosas raras y no, ¡no es eso! Hay que profundizar un poco, ver que todo lo que yo hago esta muy elaborado. Si yo hago una fuga a la manera de Bach, siempre va a estar “tanguificada”.

- ¿Por eso también tuvo tantos problemas con su música en Argentina, por introducir elementos “extraños” en el tango? ¿El cambio que usted le introdujo al tango no significo también europeizarlo?

-No, yo creo que cuanto más se pinta a la aldea, más se pinta al mundo. Gracias a que mi música es muy de Buenos Aires, muy porteña, gracias a eso, yo estoy trabajando en todo el mundo, porque encuentran que es una cultura diferente, una cultura nueva, es como el folklore, aunque de esto se hace poco y nada. Siempre están los eternos folkloristas en Argentina que no han avanzado demasiado, pero con el tango yo avancé. Los demás que me vienen detrás están por el año 50 todavía...

-¿Cuánto de europeo y cuanto de porteño hay en su tango, cuanto de Stravinsky o de Bartok y cuanto de Gardel, por decirlo asi...?

- Una vez un crítico del New York Times dijo una verdad absoluta: Todo lo ‘de arriba’ que hace Piazzolla es música; y por debajo, se siente el tango.

Comentario a Las Cuatro Estaciones Porteñas

Las cuatros Estaciones Porteñas son consideradas como una de las composiciones fundamentales en la obra de Piazzolla.

No fueron compuestas todas juntas, como por ejemplo las Cuatro estaciones de Vivaldi; sino que fueron compuestas por separado. Verano Porteño fue compuesto en 1964, Otoño Porteño en 1969, Primavera Porteña e Invierno Porteño en 1970.

Tampoco fueron concebidas como una suite en donde los movimientos que la componen no pueden ser ejecutados por separados. En este caso Las CuatroEstaciones Porteñas pueden ser ejecutadas cada una sin ningún problema. Luego de completar las cuatro y muy pocas veces Piazzolla las interpretó como si se tratara de una obra única, existen grabaciones donde se elige una u otra separadamente.

Las cuatro estaciones fueron escritas para el Quinteto (bandoneón, violín, piano, guitarra eléctrica y contrabajo). Habría que resaltar una excepción, en el invierno el instrumento que figura es el violín, pero originalmente Piazzolla lo había escrito para viola.

Personalmente considero que Las cuatro estaciones porteñas han alcanzado un estilo propio. Cuando fueron compuestas Piazzolla alcanza su identidad estética y la consagración de un estilo y esto se demuestra en la forma de amalgamar un pulso rítmico decididamente tanguero con procedimientos armónicos y contrapuntísticos que él aprendió en Europa.

En estas obras si bien existe una alternancia entre “Solos y tuttis” como en las composiciones clásicas, no respetan un criterio formal como puede ser la Forma Sonata o un Concierto Barroco.

En las estaciones se pasa de una furiosa excitación con partes de carácter virtuoso a momentos de terrible quietud y calma. Son consideradas como música descriptiva.

Piazzolla intenta plasmar el latir ciudadano, sobre todo porteño; utilizando el tango, emerge la parte bohemia de Buenos Aires, el tango nuevo, la expresión del alma porteña.

En el Invierno Porteño aparece la soledad, el frío y lo cotidiano. El invierno es día y es también la noche cuando el tango se hace calle Corrientes. Es tremendamente melancólico, pero esta sensación de soledad y frió viene interrumpida por fuertes impulsos rítmicos.

El violín y el bandoneón son los solistas de esta composición y se van alternando los diferentes temas. Se puede apreciar que en varias partes del invierno el violín asume una tonalidad más grave de lo habitual y esto se debe a que originalmente había sido compuesto para viola.

En la Primavera Porteña encontramos el primer amor. El cuerpo y la seducción. La merienda en el parque. Los enamorados. La ciudad que revive después del invierno. Los árboles se pintan de verde y las flores inundan de perfume toda la ciudad. Esta obra se desarrolla a partir de un tema fugado. Es, de las cuatro, la más equilibrada en la distribucion rítmica y melódica.

En el Verano Porteño aparece la pasión. Cuando el calor toma el cuerpo y el calendario también indica la temperatura del amor. Se calienta el cemento de la ciudad. El caminar por las calles de Buenos Aires a la siesta con ese calor húmedo terrible, la lentitud de la ciudad que parece respirar cada vez más al caer el sol.

Existe un tema que se repite por toda la obra de manera insistente. Este tema viene interrumpido por el solo del violín y el bandoneón. Al ir finalizando la obra se nota una lentitud que luego viene interrumpida por el acelerado final.

En el Otoño Porteño encontramos la despedida. La fugacidad de la pasión se hace Otoño. La ciudad que se comienza a vestir de amarillo. Encontramos aquí uno de los solos más notables, solo para la mano izquierda del bandoneón, donde cada nota parece querer buscar su propio peso como si luchara para independizarse de toda la frase musical. Este solo parece apoderarse de todo el tema hasta que aparece el violín creando un nuevo momento de suspenso.

Un aspecto muy particular de estas cuatro composiciones son todos los pasajes contrapuntisticos de una calidad singular. Utiliza además en diferentes partes melodías al “Unísono”, es decir, los cinco instrumentos tocan el mismo tema lo cual le da al grupo una gran potencia sonora. Logra extraer de los instrumentos sonidos muy percusivos y diferentes efectos sonoros.

     
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