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Thomas Paine: la democracia radical versus
la república conservadora

Por Pablo A. Pozzi
Profesor Titular de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos de América,
Departamento de Historia, Facultad de Filosofía y Letras,
Universidad de Buenos Aires, Argentina.

contribuía poderosamente Paine era si los ciudadanos podían gobernarse a si mismos directamente o no, a través de instituciones políticas lo más simples y transparentes posibles.

Lo que subyace a todo lo anterior es una inexorable fe en el ser humano. Paine tenía una visión optimista de la naturaleza humana, o por lo menos de la posibilidad en su perfectibilidad. Como otros en la época -el más notable fue Jean Jacques Rousseau- Paine tenía fe en la habilidad de los hombres para actuar de acuerdo a los dictados de la razón. Por ende, podía rechazar la idea de controles y equilibrios en las formas de gobierno, reivindicando la democracia pura. Su idea del progreso humano no se basaba en un objetivo ni era estática, sino que era un proceso de mejoras permanentes con final abierto, generado por las acciones deliberadas de los seres humanos.(30) 

III 

El legado de Thomas Paine ha sido mucho más profundo de lo que podríamos deducir de las escasas alusiones que aparecen en los libros de historia de los Estados Unidos. En 1825, en el Harmony Hall de la ciudad de Nueva York cuarenta artesanos librepensadores se reunieron para brindar y celebrar el cumpleaños de Thomas Paine. A partir de ese momento y hasta 1886, con la represión desatada después de la masacre de los Mártires de Chicago, un importante sector de los trabajadores de Nueva York, Boston, Filadelfia y Baltimore se reunían en grandes fiestas celebrando a Paine y su ideario.(31) Asimismo, las raíces de la Ley

 

Homestead de 1862, que posibilitó la colonización del oeste norteamericano, se encuentran en el folleto Agrarian Justice, de Paine. Treinta y cinco años más tarde Henry George, sintiéndose heredero del agrarismo painita, propuso por primera vez el impuesto a la renta potencial de la tierra.(32) Fuera de Estados Unidos, Paine se convirtió en uno de los ídolos de los reformistas ingleses, desde los cartistas hasta el moderno partido Laborista. En ambos lados del Atlántico, es el santo patrono de las asociaciones de librepensadores.

Más importante aún es, quizá, que Paine cambió el lenguaje político radicalmente. Al decir del historiador A.J.P. Taylor “sus Derechos del Hombre es la mejor declaración de creencias democráticas en cualquier lengua”. De hecho, Paine desarrolló y fue un maestro de la prosa democrática. En el siglo XVIII el término “democracia” implicaba la participación popular directa del pueblo en los asuntos de gobierno. Desde el punto de vista de la elite esta era una forma de gobierno inviable, subversiva y dictatorial; dirían: “la dictadura de uno sobre muchos es la monarquía, y la de muchos sobre pocos es la democracia”. Pero a Paine esto no le preocupaba puesto que en su estilo directo, concreto y práctico sintetizaba la revuelta contra todos esos ideales expresados formalmente en la prosa política inglesa del siglo XVIII. Así, la exquisita elocuencia de Edmund Burke en torno a la tragedia de María Antonieta palidece ante el juicio lapidario de Paine: “Se apiada por el plumaje y olvida el pájaro moribundo”. Todo esto se relaciona con el propósito y el imaginado interlocutor que tenía Paine. A diferencia de Jefferson, su ideario democrático se condice con una práctica. Por eso su lenguaje tiene que ser no sólo asequible a la

 

multitud, sino que debe tener la capacidad de movilizarla en función de sus fines democráticos. La política para Paine es un asunto que concierne a todos, y no sólo a las elites, y en esto es un precursor de la democracia de masas del siglo XX. El vínculo entre lenguaje, ideas, racionalismo y conclusiones prácticas debería quedar aún más claro si nos damos cuenta que Paine propuso la abolición de la esclavitud casi cien años antes que Lincoln; fue uno de los primeros ingleses en propiciar la independencia de la India; proyectó un plan de jubilaciones; y reivindicó los derechos de la mujer.

El día de hoy Thomas Paine tiene una relevancia notable. No sólo por su internacionalismo revolucionario y desafío a las instituciones existentes, sino por la modernidad de su pensamiento, su racionalismo y su fe en la naturaleza humana. Su participación como dirigente y gran pensador en la independencia norteamericana y en la Revolución francesa lo marca como uno de los grandes pensadores del mundo moderno. En el caso norteamericano fue la expresión más acabada del radicalismo democrático artesanal y fue, de lejos, el gran orador de la revolución americana. Quizá por esto fue condenado a la oscuridad y al ostracismo. Como todos los idealistas cometió el error de subestimar el poder de la clase dominante. Sus miles de seguidores no pudieron proteger su reputación contra estos ataques y esta persecución. Sin embargo, su figura y su pensamiento han sido atesorados durante décadas por los trabajadores en ambas orillas del Atlántico para emerger, en los últimos tiempos, como poderosa antítesis a aquellos que se oponen a la razón y al humanismo.

     
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