Plástica

Carlos Alonso recreó en Córdoba El infierno de Dante


Carlos Alonso

En septiembre del año pasado en el Museo Genaro Pérez de Córdoba Carlos Alonso sorprendió con una muestra inspirada en La Divina Comedia de Dante Alighieri, donde expone con dibujos y pinturas su versión de los infiernos recientes que se vivieron en la Argentina.

Una impactante imagen de un dibujo del Dante cubrió la fachada del Museo Genaro Pérez sorprendiendo, a la vez que invitaba a entrar a la muestra “Carlos Alonso en el Infierno”.

La muestra que reunió 60 trabajos se desplegó por todas las salas del Museo. Donde la historia, la religión, el arte y la política, y la aguda mirada crítica del autor se unen para dar lugar a los imágenes de Alonso y los textos del maestro florentino.

Valiéndose de diferentes técnicas, dibujos, acuarelas, técnicas mixtas y pasteles que el maestro vino realizando desde el 2.004 fueron presentados de manera excepcional, en un ingenioso despliegue que aprovechó el espacio interior del museo para el montaje de la producción. Gonzalo Biffarella, compositor, acompañó la muestra con una serie de obras sonoras que ambientaron algunas de las secciones de la muestra.

El infierno, el purgatorio y el cielo del Dante fueron recreados con diferentes instalaciones audiovisuales que se montaron con la colaboración de jóvenes artistas, estudiantes y egresados de la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba.

Algunos dibujos del artista fueron ploteados en gigantografías de 14 metros de ancho por seis de ancho. Estas enormes imágenes representaron el ingreso al infierno, donde una serie de personajes esperan para entrar. Una vez dentro del museo, diferentes salas serán el purgatorio y el cielo. En el ingreso, el espectador se encontró con máscaras y así, cada espacio del museo estuvo modificado para la muestra. La que arranca desde la avenida General Paz con el infierno, y conduce al cielo, en la planta alta del Genaro Pérez. Con la instalación de una estructura se transformó el frente y la puerta de entrada del museo para convertirlos en un arco. El ingreso se hizo a través del dibujo de la “La puerta del infierno”, que decía “abandona toda esperanza vos que entrás”, una versión actualizada del verso que Dante imaginó para la entrada al infierno. Una vez adentro, en el hall, el público se encontró con la instalación de otro arco que conduce a la escalera y a nuevos arcos, todos acompañados por una ambientación sonora localizada, diferente para cada tramo del recorrido. La muestra se recorre por un circuito fijo, un camino lineal. En la planta alta los había un cuadro anunciando el infierno del hambre, con un video de Gonzalo Biffarella: un contrapunto entre fotografías de las víctimas y cuadros sobre los victimarios. Al salir de esa sala empezaba la exposición. En cada sala hay un tema y una técnica dominante: collages, pasteles, tintas. El recorrido de este tramo terminaba en la sala de la lujuria, donde los temas eróticos predominan: El cantar de los cantares, El jardín de las delicias. Después se entraba al cielo, en una instalación audiovisual. Alonso, interpreta al cielo con música, sin imágenes. “Las mejores ilustraciones que vi de la Divina Comedia son del infierno y del purgatorio, a pocos artistas les importó el cielo”, explica el autor.

Algunos de los demonios que pueblan el infierno aquí representado son los “satanazis”, en un reportaje el artista explica la visión pintada: “La Divina Comedia es la propuesta de un gran poeta universal y eterno que tocó las cosas más conmovedoras, más dolorosas e indescifrables, pero al mismo tiempo es una invitación a que como autor tengas un comportamiento parecido, a que hagas lo mismo con tu realidad”. Cuando pintaba los hacía pensando que la mejor manera de serle fiel al florentino era recrear “el infierno latinoamericano”. Pero se toma su libertad en la interpretación ya que “para los italianos, Dante es un semi dios, como acá San Martín; es el poeta de los poetas, el clásico, mientras para nosotros es sólo un gran poeta, más cercano, lo que nos da un campo de libertad mayor, de aventura”. Y completa: “Tenía que pintar el infierno que yo vi y en el que estoy incluido, por eso la muestra se llama ‘Carlos Alonso en el infierno’”.
 
Catálogo de la muestra

Mirando de frente a los pecados

Dante lo imaginó como un embudo: una ciudad abrazada en fuego, donde los tormentos aumentan en la medida en que los círculos se estrechan. En la punta del cono habitan los peores males, Esos extravíos del hombre, condenado siempre al sufrimiento por sus faltas. Desde las más leves, como son la indiferencia, los pusilánimes que no hacen nada por el mundo, los amantes lujuriosos, arrastrados por los vientos, los iracundos aplastados por los perezosos, la gula castigada por el barro, a los más graves, los que ocupan los tres círculos, y por eso, los más estrechos: la trampa y el engaño. Esos males eternos que atraviesan los tiempos y todos podemos reconocer en nuestra vida con los otros. Sobretodo ahora cuando el hombre ha sido reducido a su precio, y la imagen potencia aquella sentencia del poeta portugués Fernando Pessoa: "El que inventó el espejo envenenó el alma humana"...

En su viaje, Dante recorrió los nueve círculos del Infierno, guiado por Virgilio, en quien el florentino simbolizó la razón y fa bondad. Al pasar por el séptimo círculo observó un río de sangre hirviendo, donde estaban sumergidos los tiranos, custodiados por arpías. Desde entonces, el más obstinado de los pecados de la humanidad, la violencia, hizo del séptimo círculo la metáfora más adaptada del bello y alegórico poema.

Sí la Divina Comedía es un viaje en búsqueda de la verdad, Carlos Alonso hace el mismo viaje con el coraje que solo tienen aquellos que son capaces de mirar de frente los pecados. Esas miserias humanas que hacen de la existencia un infierno, y todas las religiones buscan purgar para hacer menos dolorosa la vida entre los hombres.

Del Infierno no se sale. Es un lugar cerrado. Carente, el barquero que transporta a los tiranos, los fraudulentos y los traidores, lo dice con todas las letras: "De esta ciudad no se sale". Los otros, los simples mortales, nos salvamos por el amor y el arte.

Gracias Carlos Alonso por dejarnos en el Monte del Purgatorio, que truena cada vez que un pecado se purga. Entonces, las manos se estrechan y hay alegría. No porque los pecados no existan sino porque son purgables. Por eso, hay esperanza, esa otra obstinación humana.

Norma Morandini
Alonso ilustrado

Así como muchas veces las imágenes desatan palabras, otras, las palabras desatan imágenes; esta tarea que a lo largo de la historia anudó poetas, escritores y artistas plásticos, ha constituido una tradición de ilustradores donde la simultaneidad de las imágenes, terminaron haciendo visible la temporalidad del texto, las invisibles resonancias de las palabras.

Desde mediados de la década del 50, la obra de ilustrador de Carlos Alonso no ha cesado de asombrarnos por los rostros, espacios y situaciones que el artista ha creado para los más heterogéneos textos. Pero es necesario aclarar que en ninguno de los casos se trata de una mera descriptividad. Sea en El Quijote -primera obra de envergadura que Alonso realizó a fines de los 50 para Emece- en los poemas de Neruda, en el Martín Fierro, en La guerra al malón del Comandante Prado, en El matadero de Esteban Echeverría o El juguete rabioso de Roberto Arlt, para nombrar solo algunos títulos de su vasta labor como ilustrador, el texto siempre ha sido un importante punto de partida para desplegar las más originales, ricas y emocionantes interpretaciones: al extremo que en muchos casos debiéramos preguntar quién ilustra a quién, pues el artista ha dado una poderosa visualidad a escenas y personajes.

Instalado en Florencia en 1969, Alonso emprende la gigantesca tarea de ilustrar La Divina Comedia, y dije "gigantesca" porque no se trata de un texto intocado, el gran poeta florentino, padre de la lengua italiana, ya ha tenido geniales ilustradores, como por ejemplo, Gustav Doré quien le dio un rostro definitivo a aquella obra fundamental.

Luego de una profunda compenetración con el texto del medioevo, el artista saca fuertes conclusiones sobre el "Infierno" y con total libertad realiza doscientos setenta dibujos. No es fácil sintetizar las virtudes de esta prodigiosa obra pues las diversas temáticas que la atraviesan hacen de ella un conjunto lleno de sutiles transformaciones que operan en el interior de sus imágenes.
Al referirnos al carácter expresionista de esta obra, no podemos obviar, por otra parte, la constante irrupción de lo clásico en medio de sus visiones; con su cambiante gramática lineal conjuga admirablemente la forma abierta y la cerrada, el dibujo con predominio de lo pictórico o el recurso a la técnica mixta y si muchas veces estos dibujos son una brillante constatación de la anatomía humana o animal, otras veces se trata de un verdadero atentado a ellas. Adoptando los más singulares hábitos de visión el artista hace y deshace las escenas oscilando siempre entre lo trágico y lo grotesco.

Pero las radicales interpretaciones del "Infierno" propuestas por Alonso invitan constantemente a un singular viaje entre la época de Dante y el presente, al extremo que sus versiones, sin traicionar el texto, se transforman en una contundente metáfora de la actualidad, donde el artista, desbrozando la esencia del texto, sigue cumpliendo con el carácter crítico y contestatario que atraviesa la totalidad de su obra.

Raúl Santana

Algunas de las obras:

Sin título
Año 1968

Purgatorio XVII

2004. De la serie “Carlos Alonso en el Infierno”, pastel sobre papel.

De la serie Carlos Alonso en el infierno ( 2004)  Pastel sobre papel  36 x 48 cm.

De la serie Carlos Alonso en el infierno ( 2004)  Pastel sobre papel  56 x 76 cm.

De la serie Carlos Alonso en el infierno (2004)  Pastel sobre papel  56 x 76 cm.

De la serie Carlos Alonso en el infierno (2005) Pastel sobre papel 56 x 76 cm.

De la serie Carlos Alonso en el infierno (2005) Pastel sobre papel  56 x 76 cm.
Perteneciente a la colección fundación Mundo Nuevo

De la serie Carlos Alonso en el infierno (2005) Tinta y Acuarela sobre papel 56 x 76 cm.



De la serie Carlos Alonso en el infierno (2005) Tinta y Acuarela sobre papel  56 x 76 cm.

2004. De la serie “Carlos Alonso en el Infierno”, pastel sobre papel, 30 x 42 cm.