Héctor Germán Oesterheld: de El Eternauta a Montoneros

Por Roberto von Sprecher
Universidad Nacional de Córdoba
vonsprecher@tutopia.com

 

 

Introducción
El presente trabajo se enmarca en un programa de investigaciones sobre el Campo de la historieta realista argentina, el mismo incluye un proyecto donde analizamos los modelos de sociedad construidos por Héctor Germán Oesterheld. Aquí damos cuenta de algunos avances respecto de cómo construyó y reconstruyó la subjetividad de los protagonistas en algunos de sus guiones de historietas en períodos particulares, al mismo tiempo que ponderamos como juegan en esos relatos estructura y construcción como elementos claves para comprender las modelizaciones sociales. Particularmente comparamos El Eternauta primera parte (1957/59), con la serie América Latina, 450 años de guerra (1973/4), con la inconclusa La Guerra de los Antartes (1974), con el único episodio de Camote (1975) y con El Eternauta segunda parte (1976/7). Consideramos que de una a otra historia se verifica un fuerte desplazamiento en los modelos de cambio social y políticos, como también de la construcción de la subjetividad de los protagonistas.
El protagonista de la primera parte de El Eternauta, y motor de los intentos de cambios, es grupal y nunca se justifica cualquier medio para alcanzar los fines. Pero, en la segunda parte Juan Salvo se convierte efectivamente en un Eternauta, un ser suprahumano que actúa como líder mesiánico que no duda en sacrificar la vida de sus compañeros de combate –los medios- para alcanzar los fines, lo cual debería correlacionarse con el discurso y prácticas de la organización Montoneros de la cual, por entonces y hasta su desaparición y presunto fusilamiento, Oesterheld formaba parte.
Por otra parte en las historietas realizadas como tarea militante explicita, en especial en América Latina 450 Años de Guerra, la subjetividad va desapareciendo como factor social hasta llegarse a una pura estructura sin espacio para la construcción.

Estructura y construcción, lo objetivo y lo subjetivo
            Nuestra perspectiva sobre lo subjetivo se enmarca en la discusión sobre la falsa dicotomía entre las estructuras sociales -como condiciones de producción de lo subjetivo- y la construcción de lo social, en términos de Pierre Bourdieu, como práctica condicionada pero también abierta a la invención más o menos radical, individual y/o colectiva, o a la agencia humana en términos de Anthony Giddens. No nos parece sustancialmente diferente el planteo de base de estructural- constructivismo de Bourdieu y la dualidad estructural de Giddens. Pero, consideramos insostenible la posición de Giddens sobre la existencia virtual de la estructuras(1) y el considerar la acción, y enmarcada en ella la subjetividad (la constitución reflexiva de la identidad de yo), como punto de partida del análisis sociológico, y acordamos –en cambio- con la perspectiva de Bourdieu respecto de que el punto de partida lógico del análisis son las estructuras que preexisten a la constitución de la subjetividad y a las prácticas sociales.
            Consideramos que la subjetividad, que articula las estructuras y las prácticas concretas y situadas de los agentes sociales, se constituye –como plantea Bourdieu- desde la experiencia más o menos prolongada en distintas posiciones en la estructura, como espacio social general –que implica la posiciones y relaciones de clase- y como conjunto pluridimensional de campos, dando como resultado una estructura de complejas disposiciones subjetivas relacionadas entre sí. Esas disposiciones como principios, funcionando bajo la lógica aproximativa y ambigua del sentido práctico, orientan las prácticas hacia los otros agentes sociales. Pero, no determinan esas prácticas, sólo las orientan, y los agentes sociales enfrentados a cada situación concreta, ante la posibilidad constitutiva de más de una opción, deben tomar decisiones, generalmente sobre la marcha, al calor de la acción y sin que medie necesariamente un proceso reflexivo, lo cual no deja afuera la posibilidad de un cálculo racional de medios, diría Bourdieu.

 Teniendo como referente (más o menos fuerte -según el momento socio histórico-) esa red de disposiciones que funciona como una estructura subjetiva, los agentes sociales están condenados, y esa es la medida de su libertad, a tomar decisiones a cada instante. Estos habitus incluirían tanto a la conciencia práctica como a la conciencia discursiva que plantea Giddens, en cuanto las razones que el agente pone en funcionamiento al pasar al discursivo son del nivel de las normas que condicionan las situaciones y acciones y no del nivel de la toma de con-ciencia que plantea Bourdieu, que supone la puesta en juego de una racionalidad que podría permitir comprender esas normas y modificarlas reflexivamente.
            Lo que quizás perdió de vista frecuentemente el propio Bourdieu es que la constitución de la subjetividad, a partir de las posiciones ocupadas en la estructura objetiva, es un proceso abierto en el cual compiten, interaccionan, distintos agentes sociales que detentan poderes diferenciales según sus posiciones, que también allí los socializados y los agentes de socialización enfrentan permanentemente situaciones ante las cuales deben tomar decisiones; las tomas de decisiones -abiertas a la construcción, a la invención- deben ser permanentemente consideradas durante el proceso de constitución de la subjetividad, y en esas situaciones ni aún el agente con menos poderes –como podría ser el niño en la temprana socialización primaria- es un ser pasivo y sus decisiones y prácticas están permanentemente actuando sobre la prácticas y decisiones de los agentes socializadores. Más allá de la inferioridad de condiciones, de la fuerza y permanencia que según Bourdieu tienen aquellas tempranas experiencias, no hay una determinación simple, la misma lógica que funciona en la aplicación de las orientaciones ya constituidas está presente en esas experiencias tempranas del agente social, el cual nunca es un carente absoluto de poder y por lo tanto de fuerza actuante en la constitución de sus propios habitus y disposiciones.

            En cuanto estas teorías se aplican al análisis de los mundos sociales construidos en ficciones, podemos prestar atención a como se plantean implícita o explícitamente la estructura y la construcción, como también la subjetividad. Así un relato donde lo subjetivo desaparezca y aparezca una estructura, del tipo que sea –económica, cultural, histórica-, sería homologo a las teorías sociales que explican las acciones de los hombres como determinadas por esas estructuras independientes de su voluntad –como la cultura en T. Parsons o lo material en el marxismo mecanicista-, y sin la posibilidad de la construcción por parte de los agentes y, por lo tanto, de la intervención y mediación de lo subjetivo en las tomas de decisiones que las distintas situaciones demandan. Otro extremo, con un número de variaciones casi infinitas entre uno y otro, sería la construcción de historias donde lo social aparezca como pura subjetividad no condicionada por ninguna estructura, donde cada uno decide libremente su destino, un extremos subjetivismo emparentado con el liberalismo interiorizado por quienes crecen en una sociedad capitalista, liberalidad y libertad, en la realidad, fuertemente constreñidas en una sociedad de clases y de relaciones de dominación.

Héctor Germán Oesterheld y las transformaciones de la subjetividad.
Datos sobre el corpus en análisis.

Héctor Germán Oesterheld (23 julio 1.919- ¿1.978?) fue un creador clave en la producción cultural argentina, sus decisiones lo llevaron a abandonar la geología y a convertirse en un narrador de la industria cultural en distintos formatos, desde sus famosos guiones de historietas -Sargento Kirk, El Eternauta, Mort Cinder y un extenso etc.- a sus todavía no del todo detectadas y reconocidas obras literarias (sus volúmenes de Ernie Pike son, por lo menos, comparables a las narraciones de Hemingway sobre la guerra), a las figuritas de ¡Platillos voladores al ataque!. De un destino social que le fijaba una carrera profesional destacada, o por lo menos una tarea dentro de la cultura culta (su primera publicación fue un cuento en el diario La Prensa, representante entonces de la más rancia oligarquía), pasa a vivir de lo que por entonces, aún más que hoy, era considerado un género menor. Asimismo, Oesterheld irá tomando decisiones que reconstruyen su subjetividad y sus apuestas en el espacio y en las luchas sociales. El socialista democrático antiperonista de principios de los cincuenta, comienza a radicalizarse durante los sesenta como tantos jóvenes, obreros e intelectuales, en aquellos años de dictaduras y proscripciones. Su opción va a ser el peronismo revolucionario y en ello acompaña a sus cuatro hijas –o ellas lo acompañan-. En 1.973 y 1.974, formando parte de la estructura de prensa de Montoneros, realiza historietas con un compromiso político explícito para la revista El Descamisado, para el diario Noticias y luego para la clandestina Evita Montonera. Le siguen el paso a la clandestinidad, aunque continúa escribiendo guiones de historietas para las editoriales Columba y Record, el asesinato o desaparición de sus cuatro hijas(2) y su propia desaparición, el 27 de abril de 1977, al parecer en la ciudad de La Plata, al concurrir a una cita cantada a la cual, habría asistido en lugar de alguien con un cargo mayor en la organización Montoneros(3). La decisión consciente de entregarse al infierno de la tortura, de sacrificarse.
 Los testimonios lo ubican en Campo de Mayo, como prisionero no legalizado, luego en algunos chupaderos como el Vesubio(4), en el Regimiento de Monte Chingolo, en La Tablada, o el Sheraton en Villa Insuperable(5) y probablemente asesinado en Mercedes en el año 1978(6). Desaparecido, presuntamente muerto, sin tumba… fisura sin cierre.
“El único bloque real que hay que imaginar es aquel que va desde que el grupo al que pertenecía entra en la clandestinidad hasta el momento de su muerte, en 1977. (…) Carlos Trillo recuerda que en tiempos de una de sus últimas historietas, iba a teléfonos públicos para dictar los globitos al dibujante hasta que decía "Te llamo en otro momento" y cortaba. Una y otra vez me pregunto qué fue lo que lo incitó a meterse en política y pasar a la acción directa.” (Gustavo Mosquera, director de cine –Lo que vendrá y Moebius- que está concluyendo el guión de una nueva película sobre Oesterheld)

                No es difícil arriesgar una respuesta a la pregunta de Gustavo Mosquera sobre porqué Oesterheld se “metió en política” y paso a la acción directa. Si bien la decisión personal, el momento de la toma de decisión ante situación concreta puede ser relativamente indiscernible, y sólo relativamente en sus historietas quedan huellas, que son aún más fuertes que las que podemos encontrar en reportajes o en testimonios(7), su opción fue parte de una opción colectiva para muchos argentinos en un momento de su historia. Es más fue una opción bastante lógica y coherente con su propia historia y evolución, y con la exploración de la condición humana que venía realizando en sus propios relatos. Esa opción lo llevó a luchar por el socialismo, a comprometerse con el peronismo por que el pueblo era peronista y a sumarse a Montoneros, a rebelarse contra años de proscripción y contra las sucesivas dictaduras.
Considera Rafael Bielsa, en el Prólogo a Latinoamérica y el Imperialismo 450 años de guerra (2005), la recopilación de las historietas que Oesterheld guionara para El Descamisado:
 “Fuera de la ficción, Oesterheld también vivió la aventura más grande de todas: el ser un hombre fiel a sus convicciones. Fascinado por los movimientos políticos juveniles de las décadas del ’60 y ’70, tomó la decisión de comenzar a militar en pro de la constitución de un Gobierno Popular, objetivo que parecía cercano con la ansiada llegada de Perón en 1973. Agotada esta experiencia, Oesterheld –junto a sus hijas- tomó posturas más extremas y se integra definitivamente a Montoneros.”
Hoy puede suscitar asombro que tomara esas decisiones pasadas los cincuenta años, superando con creces la edad promedio de los militantes, pero sigue siendo una decisión comprensible que otros de su edad también tomaron, en todo caso hay que reconocer el coraje y la justicia de la causa: cambiar un orden social que era, y sigue siendo, injusto. Donde, en todo caso, puede tener cierto grado de enigma porqué continuó con esa lucha cuando ya no era posible el triunfo militar, porqué siguió adhiriendo en 1976/7 al absurdo diagnóstico de la dirección de Montoneros que suponía a la dictadura en retroceso y a la organización armada en un avance incontenible. Porqué se entregó al martirio final. Pero, tampoco en fue el suyo un caso excepcional, ni la suya una decisión puramente individual, miles de argentinos la tomaron, la opción “liberación o muerte” no era meramente una consigna.
            Presas, empleado en los cincuenta de Oesterheld en Editorial Frontera y su empleador en Editorial Columba en los setenta, en la película H.G.O, afirma que Oesterheld ya había escrito y publicado el guión de su muerte. De alguna forma tomó decisiones que ya había hecho tomar a sus personajes de historietas. Claro que la muerte en guerra caracterizada como absurda de los episodios de Ernie Pike, de los años cincuenta y principios de los sesenta, muta en martirologio en El Eternauta segunda parte o en América Latina, 450 años de guerra, en los setenta.

            Aquí daremos cuenta de algunos avances en nuestra indagación sobre cómo, a través de su trayectoria y de sus historietas, Oesterheld construye y reconstruye la subjetividad de los protagonistas, al mismo tiempo que ponderamos como juegan en las mismas estructura y construcción o agencia social. Particularmente comparamos El Eternauta primera parte, que guionara entre 1957 y 1959 con El Eternauta segunda parte (publicado entre 1976 y 1977), La Guerra de los Antartes (publicada en el diario Noticias, desde el 22 de febrero de 1974 hasta el 3 de agosto del mismo año, cuando es clausurado) y la serie América Latina 450 años de guerra (publicada en la revista El Descamisado, desde el 12 de junio de 1973 al 26 de marzo del mismo año) y el único episodio de Camote, publicado en seis entregas, en 1975, en la clandestina Evita Montonera.

El Eternauta primera parte (1957/1959).
El comienzo de la historia es narrado por un guionista [personaje] de historietas, en una casa de Vicente López, quien una madrugada del año 1957 escribe en su cuarto de trabajo. Inesperadamente, en una silla ubicada frente a él, y ante su sorpresa, se materializa otro hombre. Oesterheld utiliza un dispositivo reiterado en sus historias: la cotidianeidad de un personaje interrumpida por la aparición de un ser fuera de lo común. Aquel cuya rutina es quebrada funcionará como introductor a relatos en los que el ser que irrumpe será el protagonista.
 Es el mecanismo al cual recurre en Sherlock Time con el jubilado Luna, en Mort Cinder con el anticuario Ezra Winston. Luna y Winston participarán activamente de los relatos, mientras que en la primera parte/primera versión de El Eternauta el guionista-personaje sólo funcionará al comienzo y al final del extenso relato de trescientos cincuenta páginas, será el testigo del relato, el transmisor del mismo y el conocedor del terrible futuro que se avecina cuando la memoria del Eternauta se borra en el reencuentro con su familia. El guionista, ya con nombre y apellido -Héctor Germán Oesterheld, se convertirá en participante activo en la segunda parte, publicada a partir de diciembre de 1976.
                                  
            La introducción de El Eternauta comienza con la situación típica de la aventura: la ruptura de lo cotidiano. Pero aquí no se verificará la restauración de la situación inicial como ocurre en tantas historias. La ruptura significará la quiebra definitiva de lo cotidiano, la pulverización de la vida diaria. La destrucción de un espacio social, con sus posiciones y relaciones, y la constitución de un nuevo espacio en condiciones totalmente distintas.
                        Una noche de 1957, con ventanas y puertas "herméticamente cerradas", Juan Salvo –quien saldrá de la historia convertido en el Eternauta- y tres amigos juegan entusiasmados una partida de truco en la bohardilla del chalet del primero en Vicente López. Esa noche la “nevada mortal” comienza a caer sobre Buenos Aires, aniquilando a quien alcance.
            Una introducción de Juan Salvo-relator nos ubica en las posiciones que ocupan en el espacio social tanto sus amigos, como él mismo y su familia. Sus compañeros de la partida de truco se pueden ubicar en distintos niveles de la clase media de fines de los cincuenta, siendo Juan el que ocupaba la posición más elevada (al menos por los indicios que nos brinda Oesterheld como constructor del espacio social en el papel).
            Favalli, alto, fornido y de gruesos anteojos, es un "profesor de física", que además tiene un velero en Olivos y se entusiasma por la electrónica que practica en la bohardilla de Juan.
            La bohardilla de Juan ("...mi heterogénea bohardilla que pomposamente llamábamos laboratorio.") es el espacio que los cuatro amigos comparten para sus hobbies, además de ser donde se juegan las partidas de truco. Es el sitio de los "hobbies", palabra hoy -y probablemente también actividad- en desuso. Los hobbies eran el sitio dedicado sin culpas a los saberes no interesados conscientemente, y en el caso de El Eternauta serán una de las bases de la supervivencia del grupo.
            A partir de la extrema y definitiva ruptura de la cotidianeidad y de todo el espacio total anterior -como estructura de posiciones y de relaciones entre las mismas-, la primera parte de El Eternauta puede pensarse como una operación narrativa, en la que no sólo se construye un espacio social en el papel, sino que también en el papel, en la historia narrada, se constituye (como acto inicial) un espacio social.
            Efectivamente, la situación de catástrofe que enfrentan no sólo los protagonistas, sino también todos los habitantes del sur del continente, es total. Se trata de una catástrofe radical que impide pensar en reconstruir la situación inicial.
                        Para el grupo que se encontraba reunido en el chalet de Juan Salvo lo único que va a quedar de sus relaciones anteriores son la familia nuclear -para Juan- y la amistad previa -para todos- que será el factor identificatorio, con raíces en las relaciones previas a la nevada. Esto les permitirá conformar un grupo para tratar de resolver la supervivencia en la nueva situación.
           
            Favalli dirige las tareas, y Juan le plantea que pareciera no tener demasiadas esperanzas de que los rescaten. Favalli, que ha respondido con "sentido práctico" desde el comienzo de la situación, que ha sido quien menor desajuste ha mostrado para adaptarse a la ruptura del espacio social anterior, y quien será siempre pesimista -a partir del análisis de los datos-, es tajante respecto de lo sucedido:
"Estamos ante un desastre mundial: ya nunca el mundo volverá a ser el mismo."
            La situación inicial muestra, entonces, la ruptura del espacio social, y de los campos, preexistentes. Se desmoronan posiciones, relaciones, capitales, etc. Aunque, como veremos con más detalles, algunos capitales adquiridos en la situación anterior transpuestos seguirán siendo actuantes, o aún más, se revalorizarán o darán lugar a nuevos capitales en su reconversión en la nueva situación. A partir de la ruptura, el espacio se irá constituyendo inicialmente como el de la supervivencia que luego se convertirá en espacio de la resistencia, en espacio del enfrentamiento.
            Dentro del campo de la catástrofe detengámonos un momento en las posiciones del campo de la supervivencia.

Favalli, el profesor de ficción y hobbista dedicado a la electrónica, es quien se ubica en un lugar jerárquico en el inicio de la historieta al ser capaz de reconvertir sus capitales previos como actuantes y efectivos para la nueva situación, lo cual hace funcionar en él un "sentido práctico" (un sentido del juego) adecuado a la nueva situación –una transformación de sus disposiciones-. Asimismo, Favalli conserva la calma, lo cual le permite aplicar una "lógica
 
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