Héctor Germán Oesterheld: de El Eternauta a Montoneros

Por Roberto von Sprecher
Universidad Nacional de Córdoba
vonsprecher@tutopia.com

 

 

científica" al análisis de los acontecimientos. Combina "teoría-práctica" y los aplica para lograr la supervivencia del grupo, coordinando y dirigiendo. Plantea fuerte y argumentadamente sus posturas y estrategias lo cual le permite el mando del grupo. Favalli es el hombre del "cerebro práctico", que hace funcionar un capital-conocimiento que será fundamental en las nuevas situaciones: es quien analiza los datos y realiza cálculos racionales que orientan medios hacia fines (y el objetivo que articula las acciones de la situación inicial es la supervivencia). Es posible pensar su papel desde la perspectiva de Pierre Bourdieu:
                        "El ajuste inmediato entre el habitus y el campo es sólo una de las formas posibles de acción, aunque sea, con mucho, la más frecuente: «somos empíricos», afirmaba Leibniz, aludiendo a las prácticas., «en las tres cuartas partes de nuestras acciones». Las orientaciones sugeridas por habitus pueden acompañarse de cálculos estratégicos de los costos y beneficios tendientes a llevar al nivel de la conciencia aquellas operaciones que el habitus efectúa conforme a su propia lógica. Además, los períodos de crisis en los cuales los ajustes rutinarios de las estructuras objetivas y subjetivas son brutalmente transtornados, constituyen una clase de circunstancias
donde la elección racional puede predominar, por lo menos entre aquellos agentes que pueden, por así decirlo, darse el lujo de ser racionales." (Bourdieu y Wacquant, 1995 : 91)
            En "El Eternauta", pareciera ser que aquello que permite a Favalli (y luego a Juan Salvo en cuanto vaya adquiriendo "sentido del juego") "darse el lujo" de ser racional es su condición de profesor, de científico, de aficionado a la electrónica, sus conocimientos. Son capitales previos que aumentan su significación en la situación de crisis.
            Siguiendo también a Bourdieu, y considerando la evaluación que Favalli realiza de los factores humanos intervinientes, podemos considerar que es quien realiza un socioanálisis que permite al grupo del chalet llevar a cabo estrategias adaptadas a las nuevas circunstancias que plantea la catástrofe:
                        "Otra manera posible de introducir cambios en los       habitus es pensable a través de un proceso de autosocioanálisis, mediante el cual el agente social puede explicitar sus posibilidades y limitaciones, su libertad y sus necesidades contenidas en sus sistemas de disposiciones y con ello, tomar distancia respecto a esas disposiciones. (...) Es decir, mediante un análisis reflexivo de los condicionantes objetivos de las propias prácticas, el agente social puede permitirse trabajar para modificar sus percepciones y representaciones de los condicionantes externos de sus prácticas, y de ellas mismas, y por lo tanto elaborar estrategias diferentes de acción.”
            Es importante, sin embargo, tener en cuenta que ese proceso de autosocioanálisis se realiza en el contexto de ciertas condiciones objetivas, a partir del mismo sistema de disposiciones -con sus limitaciones y posibilidades- que se pretende modificar, y a costa de un arduo y metódico trabajo: “Pero este trabajo de gestión de sus propias disposiciones no es posible sino al precio de un trabajo constante y metódico de la explicitación. (...) » (Bourdieu y Wacquant, 1995: 111)"
             La posición privilegiada de Favalli en el campo de la supervivencia parte de un mayor poder en relación a sus capitales previos incorporados, y significa un poder sobre los otros. El contrapeso a la posibilidad de un uso arbitrario de tal poder lo da la amistad que une al grupo. Aunque, en relación a otros, los propios valores de Favalli -y del grupo- que no permiten atacar a otros sino es en defensa propia (como frente al primer superviviente agresivo, o -luego- frente a los invasores), permiten hacer un uso provechoso del poder que conceden esos capitales previos.

            En el relato que la amistad se constituye en uno de los ejes centrales de relación con los otros, como también el amor filial de Juan con Elena y Martita y la solidaridad con los otros sobrevivientes.
Planteada la resistencia colectiva yorganizada por el ejército Juan dejará el chalet -que ha funcionado como un castillo- para ir a enfrentarse al enemigo, en parte por la defensa de su familia, en parte por solidaridad con sus semejantes.
            Los ejes valorativos del núcleo inicial de sobrevivientes serán la lealtad, para los amigos y familiares pero también para los congéneres que acepten las reglas del juego de la no agresión. Lealtad y solidaridad serán valores que se trasladen al grupo mayor, pero también la reflexión y el riesgo inteligente (el riesgo sopesado por el cálculo de medios en función de fines).
            Juan irá adquiriendo el sentido del juego, por otro lado Alberto Franco, que se incorpora a la trama en el momento de la resistencia, cuenta con capitales previos -heterodoxos claro está, como por ejemplo su afición por los libros de ciencia-ficción- para desarrollar estrategias efectivas para el combate con el enemigo.
            Claro que, en la situación inicial, la buhardilla de Juan Salvo aporta también el capital objetivado, que hasta entonces eran sólo elementos para hobbies y que aquí se van a constituir en recursos -en capitales- indispensables para la supervivencia.

            En El Eternauta se verifica uno de los modelos frecuentes en Oesterheld: el protagonismo grupal. Más allá de que Juan Salvo relate la historia, y de que El Eternauta sea el nombre de la historieta, desde el inicio -y con cambios en la integración y tipos de grupos, y en las posiciones que ocupan los distintos miembros de los grupos- no hay un héroe individual que supere a todos los demás, el protagonista es colectivo.
Un sobreviviente asesinará a Lucas para robarle el traje aislante y luego tratará, intentando engañarlos, penetrar en el chalet. Juan descubre el engaño y logran matarlo; sin embargo, la actitud ante el agresor no es de odio sino de comprensión, a la vez que de diferenciación. Juan reflexiona:
"...miré el rostro del desdichado. Un rostro común,      igual a tantos que se veían en el tren de todos los días... un rostro de hombre cualquiera, convertido en asesino por la terrible catástrofe...".

            Del grupo sobreviviente Elena, la esposa de Juan, y Martita, su hija, cumplen un papel secundario. El papel secundario está marcado por el protagonismo masculino y la subordinación de los roles femeninos. Juan asume el rol de protector, de proveedor, para las mujeres. Elena aporta, desde su rol subordinado, la resignación, el apoyo a Juan y a los otros, la colaboración en las tareas de preparación para salir al mundo exterior. Se hace cargo de las tareas domésticas y prepara la comida. Al momento de salir, ni ella ni Juan dudan respecto de que ella debe quedarse en el hogar. Juan es el caballero que sale al exterior en defensa de su castillo, aunque el castillo va a demostrar ser frágil y de imposible reparo.

            Es clara una concepción tradicional de la pareja, en la cual la mujer es protegida por el hombre y juega un rol secundario en la construcción de la sociedad. Sólo tres mujeres aparecen vivas en las trescientas cincuenta páginas de la historia, pareciera que se trata de una situación en la que sólo pueden sobrevivir y a la que sólo pueden enfrentar hombres. Este modelo se modificará parcialmente en la segunda versión de la primera parte, 1969, cuando una joven mujer pasa a ser parte de la resistencia.
            La esposa y la hija van a ser el leit-motiv de los pensamientos de Juan Salvo desde que abandona el chalet para unirse al ejército. Hacia el final volverá a reencontrarlas, para perderlas después. A partir de allí, peregrinará por el espacio y el tiempo en la búsqueda de ellas
            Elena, la esposa de Juan, le plantea la posibilidad de quedarse para no dejarlas solas a ella y a su hijita, a lo que aquel contesta:
"Es necesario el esfuerzo de todos, Elena... Tenemos que ir con ellos." El modelo de la lucha colectiva, por sobre la individualidad, prefigura algunos elementos, pero sólo algunos, del futuro Oesterheld montonero.
           
            En el espacio social construido por Oesterheld, Favalli, Salvo y Franco constituirán el núcleo protagónico, serán quienes logren sobrevivir hasta el sabotaje final a la base de los invasores en la plaza del Congreso, e infligirán una derrota aparentemente importante a los invasores. Los hechos mostrarían luego a los invasores recomenzando el ataque de forma tal que ya resultaba imposible vencerlos. ¿Qué atributos que distinguen a estos tres personajes?:
Favalli suma conocimiento científico y capacidad de análisis, como un pesimismo no paralizante. Juan Salvo tiene la motivación de salvar a su familia y desarrolla un sentido práctico adecuado a la situación combinando análisis e iniciativa y, por su parte, Franco suma a su espíritu de iniciativa un conocimiento no ortodoxo, prácticamente un saber popular. Los tres juntos unidos por la solidaridad y la voluntad son capaces de crear nuevas estrategias y de remontar situaciones adversas. Se podría leer como una alianza interclasista, entre clase media y obrera, entre intelectuales y obreros. Favalli, en términos de Bourdieu, sería el intelectual que pone su capital conocimiento al servicio de los dominados.

            Oesterheld, en las lecturas posteriores a la conclusión de la primera parte, afirmaba que sin planearlo "Franco, el tornero... termina siendo más héroe que ninguno de los que iniciaron la historia". Remitiéndose a las condiciones de producción del momento en que se escribe el guión, Franco puede ser visto como un tipo ideal de la clase obrera, que -en este caso- es quien nunca se dará por vencido (aunque finalmente será convertido en un hombre robot comandado por los invasores). Franco ofrece una resistencia indeclinable. No se plantea las dudas que permanentemente asaltan a Juan Salvo, quien funciona como un representante de la clase media acomodada, que en principio tendría más que perder en la situación (ya había perdido su "pasar acomodado" y podía perder a su esposa y a su hija). Favalli aporta su pesimismo para enfrentar la situación, pero el mismo se traduce en realismo y no lo inmoviliza, es un tipo de intelectual que logra convertir conocimiento en acción.

Tratando de salvar su vida y la de su familia Juan se introduce en una nave de los invasores, y tratando de hacerla funcionar, pone en marcha la "máquina del tiempo de la cosmoesfera". Es arrojado a otra dimensión y se ve separado de su esposa y su hija. Cae en un extraño paisaje donde un muy anciano mano le explica que se encuentra en "el continum 4". El mano le confirma que ha perdido a su familia, que se deben encontrar en otro de los "continum" y que tiene "todo el tiempo que quiera" para buscarlas. El mano le señala que ha "podido hacer lo que muy pocos hemos hecho... escapar a los ellos.", y que su lucha ha servido a las especies inteligentes que están decididas a continuar peleando contra los ellos. El discurso del mano plantea una solidaridad, "un apego a todo lo que sea espíritu", entre todos los seres del universo.

            ¿Cómo se construye el enemigo en la primera parte de El Eternauta? Este elemento, constitutivo de la identidad de los personajes al definir a los otros, es crucial para dilucidar las modelizaciones de Oesterheld. Más allá del odio que demuestran los resistentes al enfrentarse a los primeros enemigos visibles, los cascarudos, -odio por otra parte no compartido por Favalli-, termina primando una especie de "mirada antropológica". Dicha mirada implica un relativismo cultural que sirve para comprender al otro en los términos de su propia cultura. Es la perspectiva que se aplica a los cascarudos, los gurbos y a los manos. Hasta Franco que ha sido el combatiente indeclinable y sin dubitaciones expresa, ante un mano moribundo, que los mismos no son sus verdaderos enemigos.
            Existe un enemigo que se diluye en su abstracción, son los invisibles Ellos, sólo perceptibles a través de las acciones de aquellas especies que han dominado. Los Ellos no se presentan nunca, no hay contacto directo (al contrario de lo que sucederá en la segunda parte). Representan el mal supremo, son la condensación del mal, pero como tal termina siendo una abstracción que se puede combatir pero no se puede vencer. De hecho, los resultados para los terráqueos son la muerte, la esclavitud -ser convertidos en hombres robots-, o el escape en el caso de Juan y su familia. Buena parte de la originalidad de Oesterheld está en la concepción del mal, ese mal que en Ernie Pike –por ejemplo- se concentra en la guerra misma permitiendo una mirada humanizante de cualquiera de los bandos, sin maniqueísmos.

            "El mal" es condensado en los Ellos, pero al contrario del resto de los acontecimientos -y dentro de las reglas de verosimilitud que establece el propio relato- no encuentra explicación. Se explica por qué actúan como actúan los cascarudos, los gurbos, los manos, los sobrevivientes que enloquecen o que agreden a sus congéneres, pero no se explica por qué actúan como actúan los ellos: en el esquema valorativo de Oesterheld, en su "mirada antropológica", el mal resulta inexplicable.

Che y Evita
            Antes de la segunda versión de la primera parte de El Eternauta, el mal empieza a tomar forma en las modelizaciones de Oesterheld: el imperialismo y la explotación del pueblo, el imperialismo y los explotadores serán luego el mal por antonomasia que se ancla concretamente en la historietas que producirá luego con una intención explícitamente militante en las publicaciones de o relacionadas con Montoneros.

Vida del Che, con su guión y dibujos de Alberto y Enrique Breccia (padre e hijo), es la primera obra donde aparece claramente que Oesterheld se define ideológicamente y toma postura, incluyendo el pedido al editor Jorge Alvarez -quien le ofrecía no hacer aparecer su nombre y apellido para no comprometerlo- de que su nombre apareciera en la tapa. La editorial sería pronto allanada y la obra prohibida, cuando ya había prácticamente agotado una importante tirada.

En ese año también realiza un guión para una historieta que se iba a llamar Evita, que también iba a ser publicada por Jorge Alvarez en la misma colección que había aparecido Vida del Che, historieta que no llegó a realizarse por la prohibición de la primera y la decisión del editor de abandonar la serie. El guión fue encontrado por el editor Javier Doeyo en el año 2001. La óptica de Oesterheld sobre el peronismo parecía estar cambiando en 1968 y poco después iba a comenzar a militar en Montoneros.

América Latina. 450 años de guerra

            El modelo que va a estar implícito en las historietas tardías de Oesterheld sería coherente con ciertos discursos sociales que alcanzan notoriedad y difusión en el período que media entre la segunda versión de El Eternauta -1969- y la segunda parte -1976/7-. Podría ser hipotetizado como la proyección de una posición que planteaba la lucha armada para conquistar una sociedad futura más justa, socialista. La versión montonera del futuro venturoso podía razonablemente justificar la verticalidad militarista, el acatamiento sin discusiones a los jefes iluminados (de los cuales el propio Perón habría sido un primer modelo), y de la justificación del sacrificio de los combatientes cuando las circunstancias lo hicieran necesario.
            De alguna manera esa es la versión que había escrito el propio Oesterheld en América Latina 450 años de guerra para El descamisado, la revista de la Juventud Peronista revolucionaria, episodios de la historia argentina que fueron guionados, dibujados –por Leopoldo Durañona- y publicados antes que la segunda parte de El Eternauta.
 Sigal y Verón van a dar un lugar muy importante a esta historieta de Oesterheld en su análisis sobre “los fundamentos discursivos del fenómeno peronista” y la interpretan como un intento de fundar “la posición de verdad del enunciador” sobre la historia y, al mismo tiempo su lugar de verdad en ese momento. (1986: 183)
            En 450 años de guerra lo subjetivo de los protagonistas desaparece, salvo en algún dibujo de Durañona de los personajes del pueblo en los cuales se puede tratar de percibir un aura subjetivo y único, pero la historia se convierte en pura estructura y no puede ser más que pura estructura, en cuanto pretende enunciar una verdad (ver Sigal y Verón, 1986) que atraviesa los tiempos:
 “Desde las páginas de EL DESCAMISADO saldrá entonces nuestra verdadera historia. Cual fue la realidad de nuestro pasado y cual es la realidad de nuestro presente. Porque la historia del imperialismo es la historia del continente americano –la Patria Grande- y la historia de nuestra patria.
 Son 450 años de guerra.
 Sí, de guerra. Porque los pueblos avasallados por el invasor nunca se rindieron. Pusieron el pecho. Pelearon. Dieron la vida infinidad de veces en su combate por ser libres. (…)” (En la introducción previa a la primera historieta).

            Que lo subjetivo desaparezca es coherente con la línea que va profundizando Montoneros a medida que pasa a su segunda clandestinidad y que tiene su punto culminante en la Resolución N° 001/78, publicado por la Comandancia del Ejército Montonero, con el “objeto” de la “implementación y utilización de uniformes e insignias del Ejército Montonero y las milicias montoneras” (en Anguita y Caparros, 2004:365y ss), evidencia del delirio militarista en que había caído la conducción y que se extremaría en el exilio. Durante este proceso, asimismo, la conducción se atribuiría el derecho al diagnóstico objetivo de la realidad, condenando todo posible individualismo y subjetivismo.(8)

            Esta primera historieta de la serie 450 años de lucha fue publicada el 24 de julio de 1973, cuando se acentuaba la pulseada entre las organizaciones revolucionarias –Montoneros, FAR, FAP-, Perón y la derecha del peronismo. Justamente, el primer episodio, que se centra en “la España imperialista”, hace referencia a “los matones mercenarios baleando al pueblo en Ezeiza para impedir su contacto con el líder” a modo de ejemplo de cómo actúa el imperialismo cuando se ve amenazado”.

                                                                                                            Con anterioridad Oesterheld había guionado otras dos historietas en El Descamisado: “La historia de los villeros: de la miseria a la liberación”, publicada el 12 de junio de 1973, y “Perón: la reconquista del gobierno. Hacia la toma del poder”, publicada el 19 de junio de 1973, un día antes del regreso de Perón. En esta historieta la juventud peronista aparece como naciendo del pasado y continuando las resistencias del pueblo que comienza desde la conquista española: “A la agitación contra Frondizi, se suma una fuerza nueva que nace espontáneamente: la juventud peronista” (como si fuera el resultado de un dispositivo de la estructura de la historia). Un poco más adelante conecta a Perón con el nacimiento de la guerrilla, no explícitamente pero si por la secuencialidad de la narración al hacer aparecer el surgimiento de las organizaciones armadas como el resultado de la supuesta decisión de Perón de detener la represión de la autodenominada Revolución Argentina, conexión que no existió en forma directa en ese momento: “El régimen [la dictadura de Onganía] se defiende con la violencia sin advertir que está volcando al peronismo a sectores que hasta ahora eran
 
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