Héctor Germán Oesterheld: de El Eternauta a Montoneros

Por Roberto von Sprecher
Universidad Nacional de Córdoba
vonsprecher@tutopia.com

 

 

indiferentes. Crece la represión. Perón decide frenarla, nacen organizaciones armadas revolucionarias peronistas y no peronistas.” La viñeta que ilustra al pueblo en Plaza de Mayo en la asunción de Campora, el 25 de mayo de 1973, ubica un cartel de Montoneros en un lugar central y en el globo de texto el canto de la multitud: “!A la rosada la cuidan granaderos¡ ¡El veinticinco la cuidan montoneros!”, el cartucho de texto que funciona como cierre puede ser leído como el reclamo y la advertencia de Montoneros a Perón:
 “Desde luego no basta con haber derrotado a Lanusse y haberle quitado el gobierno a la oligarquía militar. Sólo asumiendo el poder en su totalidad podrá el peronismo reconstruir al país y alcanzar el socialismo nacional, la única forma de darnos una patria socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. Esta es la lucha que afrontamos de aquí en más el General Perón y su pueblo.”
 En el discurso que pronuncia Perón, luego del frustrado “contacto”, va a dejar de lado la liberación y equiparará “reconstruir” con recuperación institucional. Sin embargo, al conectarse presente con pasado en el final de las historietas Oesterheld sigue planteando la liberación como única opción valida:
 “Ojala brillara de verdad el inmarcesible sol de mayo de los discursos patrios, no estaríamos enfrentados hoy 150 años después a la alternativa de hierro: liberación a muerte” (“La tercera invasión inglesa”, 28 agosto, 1973).

“… en nuestro proposito de unidad y liberación” (la entrega del Uruguay, 16 octubre, 1973).
 “Historia que se repite todavía hoy. Pero ya no por mucho tiempo. Los hijos de aquellos reclutas cuyanos, de tanto paisano de aquí y de afuera sacrificados en la tan larga lucha por hacer una patria, ya están dejando de ser carne de cañón. Ya tienen quien los guía, quien les abre los ojos, y ya cierran el puño para la gran lucha por el bien común. Ya aprendieron que el «!viva la patria¡» de antes, es hoy «!liberación o muerte¡»” (“Las montoneras”, 23 octubre, 1973)
            En las historietas de Oesterheld y Durañona (el dibujante) hay sólo dos episodios en los que se plantea una conexión más o menos explicita entre Perón y liberación, y nunca se plantea “Perón o muerte”, consigna que toman Sigal y Verón para titular su libro y que el guionista reemplaza por “liberación o muerte”. Uno es el primer episodio de la serie “La España imperialista” del 24 de julio de 1973, luego de las definiciones de Perón post-Ezeiza pero antes de la ruptura que se va perfilando tras la ejecución de Rucci –inmediatamente después de que las elecciones dan un triunfo abrumador a Juan Domingo Perón- y que culmina con los insultos de Perón y la retirada de Montoneros de Plaza de Mayo el 1º de Mayo de 1974. Allí el anteúltimo bloque de texto reza:
 “… la palabra América quiera decir victoria. Así comenzó América, nuestra América. El imperialismo de entonces, el español, sin otra razón que sus armas superiores, robó y asesinó al hombre americano, dejándolo en la más abyecta de las miserias. Ya entonces empezábamos a ser el tercer mundo que explotaría luego Inglaterra y ahora Estados Unidos. Siempre por la fuerza de las armas, y con la ayuda de las minorías nativas, alcahuetas de sus hermanos. La historia de América es la historia de los imperialismos, que crecen y se enriquecen con nuestro trabajo e impiden que nos liberemos y podamos ser dueños de lo que nos pertenece.” En la última viñeta un globo de texto –palabra hablada- señala a Perón en una foto (la única foto de toda la serie) que dice:
 “El azote del imperialismo que, al suprimir la libre determinación de los pueblos, la soberanía de las naciones y la independencia económica de los países, los priva de su libertad esencial”.

Otra conexión explicita es planteada en el último bloque de texto de “Rosas (cuarta parte)”, publicada el 24 de diciembre de 1973:
 “Historia mentida que hasta hoy se disfraza y sigue engañando: historiadores «nacionales» como Félix Luna, con el pretexto de pacificar, quieren integrar hoy a San Martín con Rivadavia, A Rosas con Urquiza y con Mitre… Con ese criterio capador, junto a Perón habría que integrar a Lanusse, a Onganía, a Krieger «Deltec» Vasena, a alzogaray… Sí, después de Caseros, cien años de entrega. Tan colonia llegamos a ser que Inglaterra nos usa como moneda para comprar su «victoria» en la Segunda Guerra Mundial traspasándonos a los verdaderos vencedores, los Estados Unidos y las empresas multinacionales, el imperialismo de hoy. Cien años de entrega hasta que amanecen Perón y la liberación.”

Podemos inferir que Montoneros, y Oesterheld, van convenciéndose de que la única garantía para alcanzar la liberación, la patria socialista, pasa por ellos y que Perón ha dejado de ser un garante seguro de ella, como parecía haberlo sido hasta Ezeiza. Simultáneamente planteamos la hipótesis de que Oesterheld planteaba explícitamente las diferencias con Perón en la historieta, cuestión que era expresada mucho más sinuosamente, sin llegarse a una crítica directa al propio Perón, en el resto de la revista. En el episodio “El «17» de los Orilleros”, del cuatro de septiembre de 1973, a diecinueve días de las elecciones presidenciales, el guionista marca el alejamiento del camino de la liberación con la renuncia de Campora y el mayor poder que adquiere la derecha, y a la vez advierte:
 “El 25 de mayo de 1810 el pueblo impone su voluntad… para verla burlada enseguida. Tan igual al 25 de mayo de 1973, con el pueblo imponiendo la línea argentina, la línea justicialista. Línea castrada tan pronto por los burócratas y los entreguistas de siempre.”
Un par de meses después el diagnóstico, la denuncia y la advertencia, se aplican al mismo gobierno de Perón y a Perón. En el último bloque de texto de “La entrega del Uruguay” –noviembre 20, 1973- escribe:
 “Pobres muertos de Ituzaingó, de Rincón, de Los Pozos, de tanto lugar glorioso. Caídos para que Inglaterra tenga el Estado tapón que quería. Desde ahora el imperio manejará a su antojo a los dos grandes países del sur. Como su heredero, los Estados Unidos siguen manejando hoy al Brasil. Y como pretenden manejarnos a nosotros, mediante la presión externa, la oligarquía cipayo y las burocracias traidoras que lograron encajar en el gobierno del pueblo”. (la negrita es nuestra)

Oesterheld señalaba, en el reportaje que le realizarán Trillo y Saccomanno en 1975, le encontró la vuelta a esta historieta de intenciones didácticas cuando pudo establecer permanentemente relaciones entre el pasado y presente:
 “Eso de EL DESCAMISADO fue algo nuevo. Es como ocurre con cualquier género literario, una manera de hacer potable [el] compromiso, y hacer un aporte útil. (…) Esta historieta aunque pudiera tener doce o catorce cuadros, me costaba un esfuerzo que ni tres guiones de [editorial] Columba. No sólo había que documentarse sino encontrar cosas claves que tuvieran que ver con el presente. Eso fue una cosa que surgió del trabajo, al hacerlo. No fue inicialmente deliberado. Después le encontré la vuelta esa y realmente quedo como de los aportes más originales”. (Trillo y Saccomanno, reportaje reproducido en Grupo La Bañadera del Comic, 1975: 31)

Sigal y Verón consideran, al analizar las historietas –sin identifica, o poder identificar, al autor-, que en la misma se plantea la lucha por la legitimidad de la Juventud Peronista revolucionaria en relación a Perón:
 “El relato nos va diciendo, década tras década, que la legitimidad entre la relación de la JP y el pueblo no puede ser discutida (…) porque la presencia de estos combatientes no tiene un comienzo: siempre han estado allí, contemporáneos del nacimiento de la patria, dejándose matar, resistiendo, obteniendo pasajeras victorias. La JP es simplemente un nuevo avatar, la reencarnación de aquellos que siempre defendieron al Pueblo-Patria y que supieron reconocer a quienes sabían conducir la lucha.” (1986: 183)
Se pregunta Sigal y Verón que se opone a la legitimidad que esgrime Perón como enunciador, que “funda la legitimidad de su intervención desde un espacio, el del cuartel, exterior al pueblo, y desde un tiempo mítico, ajeno a la sociedad civil, el tiempo de los héroes de la Patria”, mientras que en la serie de Oesterheld-Durañona, “a través de la recuperación imaginaria de la historia, la juventud peronista busca fundar su propia legitimidad en el hecho de que no llegó nunca, de que estuvo siempre allí: esfuerzo por anular el tiempo histórico, eludiendo así la pregunta por el origen de su legitimidad. (…) El imaginario Montonero trata (…) de construir el colectivo pueblo como una entidad mítica, situada ella también, como los héroes, en el tiempo «fuerte» de la Patria: este pueblo es activo, resiste desde siempre y lucha desde siempre contra el imperialismo. Lo cual era una manera de decirle a Perón: nosotros ya estábamos allí, en ese lugar al que usted llegó en un momento dado.”

Según la hipótesis que ya planteamos lo que la revista planteaba más encubiertamente en sus otras secciones y artículos, era bastante explicito en el discurso de Oesterheld –que tenía entonces cincuenta y cuatro años de edad, mucho más que el promedio de los militantes-: o Perón opta por ese Pueblo-Patria, que existe desde siempre y que se encarna ahora en la juventud revolucionaria, o la misma deberá luchar por la liberación sin él.(9)

La relación que se plantea entre el pasado y el presente en los guiones de Oesterheld es de repetición sin subjetividad ni construcción. El imperialismo estuvo desde que llegaron los españoles, luego fue el imperialismo inglés y finalmente el yanqui. Hubo traidores y entregadores entonces y ahora. La historia se repite con distintos nombre. Hubo un Juan Cualquiera que murió, como un mártir, cuando intentaba tomar un arma para resistir a las invasiones inglesas, hubo un Juan Montonero que no vaciló en poner el pecho a las balas liberales y, en aquel presente, habrá un Juan Montonero, los montoneros como continuidad de la patria, dispuesto a morir repitiendo la lucha eterna del pueblo por la liberación. Los liberales ilustrados de ayer son la denominada ultra-izquierda de entonces, la liberación de ayer es la liberación de hoy, el martirio de ayer el martirio de hoy, el presente es como el pasado. El martirio de Oesterheld sería entonces el mismo martirio que sufrió siempre el pueblo en sus luchas, nunca acalladas, por la liberación, contra el imperialismo.

El contenido de él último episodio, publicado el 24 de marzo de 1974, parece establecer un paralelismo con los Montoneros que son perseguidos y asesinados con la anuencia del gobierno peronista. Allí hace referencia a los escuadrones de Aquino, que pertenecían a las tropas de Urquiza y que al rebelarse contra el mismo por considerarlo un traidor son fusilados y colgados en los árboles de la residencia de Rosas, el texto señala:
“Brava gente de Aquino. Pensaron morir por la patria en el campo de batalla.”
“Nunca soñaron morir fusilados, escarnecidos, mártires de una patria pisoteada…”
“Los árboles han dado frutos extraños en San Benito de Palermo. Fruto del pueblo. Siempre hubo martires que pusieron su pecho por la patria, que dieron la vida por Perón que es lo mismo que decir pueblo y patria. Siempre hubo generales Valle que supieron decir basta a la entrega, basta a la traición, basta a la mentira, aunque los fusilaran…”

            Respecto de la utilización del lenguaje y la narración en esta historieta, señala el investigador salteño Rafael Gutiérrez:
 “En las publicaciones del El Descamisado retorna a los antecedentes de la historieta, a las láminas didácticas que representaban -más bien por un procedimiento expositivo que narrativo- las vidas ejemplares de santos o héroes(10).
Las láminas didácticas, aunque puedan estar segmentadas en cuadros e incluir globos, son antecedentes de la historieta porque, desde el punto de vista de la superestructura, responden a modelos expositivos, pueden llegar a constituir el germen de un relato, pero carecen de la peripecia o conflicto fundamental que requiere el prototipo narrativo(11).
            No podemos atribuir el defecto narrativo al guionista, pues su maestría está probada de sobremanera, más bien consideramos que este aparente retroceso genérico se debe a una adecuación del lenguaje al medio.
            El medio no es una revista de historietas exclusivamente, ni mucho menos de entretenimiento; es una publicación de carácter político, explícitamente revolucionario, que proponía dar a difusión las actividades que realizaba en esos momentos la agrupación Montoneros y para justificar sus acciones buscaba legitimarse dentro del panorama político, no como un ala nueva del peronismo sino como el mismo movimiento nacional, que encontraba en Perón su caudillo.” (Gutiérrez, 2005, 3/4)

En el enfrentamiento planteado en la historieta, Perón optó por la derecha y Montoneros continuó con su proyecto de Socialismo Nacional y con Montoneros continuaron Oesterheld y sus hijas.

La guerra de los Antartes

            En está historieta se cumple al píe de la letra aquella afirmación, tan común, que afirma que a través de la ciencia-ficción siempre se está hablando sobre el presente.
El Descamisado ha sido clausurado y Oesterheld ahora vuelve a guionar una historia de ficción, con el pseudónimo Francisco G. Vázquez, dibujada por Gustavo Trigo, en la cual Argentina y Latinoamérica son invadidas por extraterrestres, ahora para el diario Noticias también vinculado al peronismo revolucionario.
Mientras transcurre de la publicación diaria de la historieta –que comienza el 27 de febrero de 1974- se darán la retirada de la tendencia revolucionaria de Plaza de Mayo luego de ser insultados por Perón y la misma muerte de Perón. Es imposible no establecer relaciones entre la utopía que Oesterheld construye como supuesto futuro y la situación de montoneros:
“Los Antartes llegaron justo ahora cuando estábamos realizando por fin el mundo nuevo… ¡Cuando por una vez cada hombre empezaba a ser enteramente un hombre!”. Los Antartes, los invasores, disparan contra la multitud reunida delante de Plaza de Mayo para resistir. Uno de los consejeros, miembros del gobierno colegiado surgido del propio pueblo y de sus luchadores, piensa:
“Nuestras muertes son necesarias… ¡Será el comienzo de la resistencia!”

Las vivencias subjetivas de los actores son más frecuentes en relación al esquema estructuralista de 450 años de guerra, primero a través de “el Coya”(12) que comienza el relato en primera persona, para luego pasar a un narrador impersonal, y finalmente volver a la primera persona en la voz de Mateo, el padre de “el Coya”, un personaje dibujado no muy distinto de lo que podía ser un Oesterheld, en sus tardíos cincuenta. Mateo teme por su familia, por su esposa que se ha unido a la lucha, por sus hijos, por sus hijas, pero asume la resistencia y la lucha contra el invasor a pesar del cansancio y la inferioridad de condiciones en relación a los jóvenes.

Como señala Pablo de Santis en la Introducción a la edición de Colihue, Oesterheld en La Guerra de los Antartes construye una utopía. La podemos leer como la utopía Montonera con el pueblo armado y un consejo gobernante que responde al reclamo popular sin dudar.
Oesterheld también diseña una utopía global en la cual, por ejemplo, el Zaire aparece como un país desarrollado con la más sofisticada tecnología y gobernado por una mujer, existe una Gran Africa, y Perú también es un país socialista y desarrollado. Pero, “EEUU (asesorado por monopolios internacionales) y Rusia pactan la entrega de Sudamérica”, como en la segunda versión de la primera parte de El Eternauta. China en cambio parece estar a favor de los invadidos, lo cual de alguna manera corresponde a la imagen de Mao y de aquel país de Montoneros, así, en la historieta, Radio Pekín informa: “…ya empezaron a desmantelar el maravilloso mundo que nuevos países como Argentina, Cuba, Perú, estaban terminando de forjar. El incontenible avance de estos países hacia el socialismo ha sido frenado de golpe.”

El escenario central de la historieta es el escenario central del peronismo: la plaza de mayo. En ella se ha producido un “nuevo 17”, cuando se rechaza la invasión de los marines. Ante la invasión es el lugar de La resistencia, al que el pueblo concurre con banderas que todavía conservan los agujeros de aquel enfrentamiento con los marines.
El pueblo reunido en la plaza grita “¡CON-SE-JE-ROS! ¡CON-SE-JE-ROS!” y luego, cuando los propios consejeros comienzan a disparar contra los invasores, “¡CON-SE-JE-ROS! ¡CON-SE-JE-ROS, CARAJO!”(13), no es necesario ningún análisis sutil para traducir consejeros como montoneros.

Cuando concurren a Plaza de Mayo también llevan las armas que tienen en sus hogares, el pueblo se autoconvoca y cuando los camiones los recogen les gritan a los protagonista “!Traigan la ferretería¡”

Mateo piensa “Nuestra verdadera “casa” está aquí… nuestra verdadera casa son los compañeros”. El desplazamiento del hogar al espacio de la lucha colectiva, al hogar constituido por los compañeros de lucha, es importante en cuanto se contrapone al cómodo hogar de clase media, al chalecito de los robinsones, de la primera parte de El Eternauta. La toma de decisión de Oesterheld significó romper con sus intereses de clase media y aliarse a las clases subalternas, romper con la seguridad de su clase, que –de cualquier manera, ya se había resquebrajado con la Revolución Libertadora, y en lo personal para el guionista con la quiebra de editorial Frontera y la precariedad económica en la tuvo que vivir luego. Si la visión de Juan Salvo en la primera parte de El Eternauta es de dolor por lo perdido, el dolor de ya no ser, sin embargo era un personaje meditativo y reflexivo, mientras que en La guerra… los protagonistas son personajes furiosos, arrojados a una lucha -en la que no importaba la propia vida- con una rabia no contenida contra los enemigos extraterrestres y terrestres. El Oesterheld que comenzó a escribir El Eternauta, en 1957, en su chalecito, meditaba sobre el mundo a través de sus historias, el de 1975 es un Oesterheld que arremete furioso contra un estado de las cosas, dispuesto a cumplir con su propio cuerpo la consigna de liberación o muerte.

El enemigo, los Antartes, invasores extraterrestre, son caracterizados siguiendo la línea planteada en 450 años de lucha:
“El imperialismo Antarte es lo mismo que el imperialismo yanqui” y la historia se repite: “En realidad la situación no es tan nueva… ya antes hubo imperialistas mandando aquí”, “(Rivadavia, Mitre, Justo, Onganía, Lanusse…)”

 
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