Héctor Germán Oesterheld: de El Eternauta a Montoneros

Por Roberto von Sprecher
Universidad Nacional de Córdoba
vonsprecher@tutopia.com

 

 

En La guerra de los Antartes, el Ejecutivo, el Consejo, “siempre acató la voz del pueblo en la plaza”. Se puede inferir que, indirectamente, está planteado que Perón no lo hizo el 1° de mayo de 1974. Eleuterio Andrada, el “grone”, el primer Consejero, le pide al pueblo que decida, lo consulta sobre que piensa, y la multitud contesta “¡QUE-RE-MOS PE-LEAR!” Ahora el Consejo llama al combate contra el invasor, así como Montoneros decidiría pasar a la clandestinidad y enfrentar al gobierno de Isabel Perón.

En una tira publicada ya luego de la muerte de Perón, el Coya, que ha vuelto a Buenos Aires y se ha reunido con su familia -la familia como unidad combatiente, casi como Oesterheld con sus hijas (su esposa nunca se involucraría en la militancia revolucionaria, ni acordaría con la misma)- y reclama:
“¡La resistencia tiene que empezar YA!”

Menos de veinte tiras serán publicadas luego de ese llamado a la resistencia antes de que el diario Noticias sea clausurado, el 3 de agosto de 1974. Pero, antes del final le anuncian a Mateo que una de sus hijas ha sido secuestrada por los invasores… Las cuatro hijas de Oesterheld serán asesinadas o desaparecerán en el transcurso de los tres años siguientes.

CAMOTE

Camote, con guión de Héctor Germán Oesterheld (lógicamente, no aparecía su nombre) y un dibujante cuya identidad no hemos podido determinar(14), es una historieta dividida en seis entregas, cada una de dos o tres páginas, publicada entre junio/julio de 1975 en la revista clandestina Evita Montonera(15).
Camote, el nombre del protagonista, es un joven de una villa que se suma a Montoneros y que pasando a la clandestinidad deja su casa y el trabajo en una fábrica. En el único episodio publicado es ocultado en la casa de una humilde familia peronista. De nuevo aparece el tema de los compañeros como el verdadero hogar, el narrador se refiere a los sentimientos de Camote respecto de los miembros de la familia que lo han escondido: “…está tan a gusto. Don Anselmo, Doña Rosa, los pibes, Celina… ya son los suyos.” Por esos meses Oesterheld vivía situaciones parecidas, según el testimonio de Graciela Iturrauspe, en la película HGO, en noviembre de 1975, se ocultó en su domicilio con Marina, una de sus hijas, luego viviría en Benavides con Beatriz. En la misma película Enrique Breccia afirma que “se estaba escondiendo donde podía”.(16) El argumento de los compañeros o el pueblo como la verdadera familia no era original de Oesterheld, al parecer era uno de los recursos de la organización para que los militantes pudieran justificar el abandono de sus familias sanguíneas. En la contratapa de Evita Montonera N° 10, en la cual aparece el último episodio de Camote, se reproduce una “Carta del Montonero Ricardo Sapag a su padre y hermanos”, el padre –Felipe Sapag- era por entonces el Gobernador de Neuquén, que expresa el pesar de abandonar su familia y acusa a su propio padre como parte del sistema al que combate y que concluye así:
 “Pero al mismo tiempo no puedo negar que tengo también una tremenda alegría; la de: ser leal con mi otra gran familia que es el pueblo.”

            En la resolución del único episodio de Camote la mirada antropológica del primer Oesterhelde es quebrada definitivamente, el modelo que ofrece ahora es la venganza, disfrazada de justicia popular en todo caso, que antes repudiara. El padre de la familia que le ha dado refugio enfrenta a la burocracia sindical en su fabrica, al “vandorismo”, como resultado de ello primero es golpeado y herido, y –como insiste en seguir enfrentándose a la burocracia- luego asesinado. Camote y dos compañeros de trabajo del muerto, emboscan a Fugazetti el líder de la burocracia, y lo matan.(17) Al final Camote se despide de Celina, que era quien le había conseguido refugio en la casa de su padre, y queda un final abierto, en la clandestinidad.

El Eternauta segunda parte(1976/1977)

Cuando se produce el golpe militar, Oesterheld se encontraba trabajando en prensa del Partido Auténtico (fundado por la izquierda peronista luego de la ruptura con el Partido Justicialista copado por la derecha), Oesterheld participó junto a Paco Urondo, Enrique Walker y Pirí Lugones en Informaciones, cuyo único número apareció el 24 de marzo de 1976, el mismo día del golpe militar (Esquivada, 2004: 109).
Ese mismo año comienza a preparar la segunda parte de El Eternauta que se publicara por entregas desde diciembre de 1976 hasta abril de 1978 –cuando se supone que ya había sido asesinado- en la revista Skorpio de Ediciones Record (Grupo la Bañadera del Comic, 2005: 52).

 Casi quince años después de la primera parte, Germán, el propio Oesterheld que pide a los otros personajes que lo llamen por su segundo nombre –su nombre de guerra en Montoneros-, será el personaje-narrador durante las doscientas cuatro páginas que alcanza la segunda parte de El Eternauta. Sus descripciones, sus reflexiones, sus dudas, serán las perspectivas desde las cuales se narra la nueva vuelta de tuerca de esta historia. El hecho de que Juan Salvo, que de hecho deja de ser Juan Salvo para convertirse definitivamente en El Eternauta, no narre la historia -como sucedía en la primera parte, tras la introducción del guionista- marca un distanciamiento del personaje, coherente con su nueva identidad, coherente con el carácter de suprahumano que adquiere.
            La historia no parte del retrato de la cotidianeidad reconocible como se hacía en la primera parte. La irrupción que se realiza no es sobre la vida diaria, la vida corriente, sino sobre la excepcionalidad de el Eternauta, que es arrancado de su deambular eterno para ser transportado a una época posterior a la historia que había co-protagonizado.
 En todo caso, la cotidianeidad que es interrumpida, en la que irrumpe la aventura, es la de Germán Oesterheld -el guionista-. Pero se trata de una vuelta de tuerca sobre la irrupción de El Eternauta diecinueve años -reales- antes, al materializarse el Eternauta en su estudio. La otra irrupción es sobre la vida del "pueblo de las cuevas", pero como prevención de una posible irrupción fatal.
            Más de doscientos años después de la historia que vivieran Juan, Favalli, Franco y demás, en la zona que fuera Buenos Aires, arrasada por la bomba atómica que alcanzara el centro de Buenos Aires poco antes del final del primer relato, sobreviven parte de los invasores y descendientes de los invadidos. En un "fuerte", ubicado donde estuviera el cementerio de la Recoleta pero que no puede dejar de pensarse como la Casa Rosada (un juego con gobierno y cementerio), un Ello comanda a un grupo de manos y a los zarpos, unos híbridos creados por ellos, de gran fuerza, semejantes a cavernarios. Además, cuentan con rudimentarios, pero poderosamente armados, tanques y naves de madera. Con estas fuerzas el Ello mantiene controlados a los "pobladores de las cuevas" que resultan una pintura idealizada de militante del pueblo peronista, son descendientes de seres humanos que no fueron convertidos en hombres robots ni afectados por la radiación de la bomba atómica, justamente. El Ello -nunca visto claro está- permite sobrevivir a los pobladores de las cuevas (cuevas que se levantan en una barranca que corresponde al lugar hasta donde llegarán las aguas del Río de la Plata luego que el tamaño del mismo se redujera) a cambio de tributos.
            Los habitantes de la barranca del río han desarrollado una civilización de supervivencia, son aguerridos guerreros pero sin capacidad tecnológica para poder enfrentar al Ello y a sus servidores. Han obtenido información sobre cómo era la vida en la tierra antes de la invasión pero no han obtenido fuentes de información sobre la invasión misma. Sus relaciones son solidarias y sus valores similares a los del grupo protagónico de la primera parte. Parecieran estar en condiciones ideales para recibir un Mesías.

            Al momento en que aparecen los "extranjeros del tiempo" -como denominará el Ello, camuflado en el cuerpo de un mano, al Eternauta y compañía- el Ello que sobreviviera a la invasión narrada en la primera parte, está terminando de construir una nave para abandonar la tierra. Necesita "plasma" para crear el combustible para la partida y exige -como tributo- que los hombres de las cuevas le entreguen un elevado número de jóvenes para ser utilizados y sacrificados en la preparación del combustible. Esta historia aparece en el momento en que miles de jóvenes eran asesinados por el terrorismo de Estado.
            Como en la primera parte, los poderes, los capitales, en fuerza física, en armamentos y en conocimientos, del Ello y de sus sirvientes son inmensamente superiores a los de los pobladores de las cuevas, y estos no tienen la mínima posibilidad de oponerse.
            ¿Qué posibilidad tiene entonces el grupo de "extranjeros del tiempo", que ya fueran derrotados, para lograr detener a los invasores? Los capitales, los poderes, de Juan Salvo se han modificado. Ahora posee poderes extrasensoriales, puede percibir la llegada del enemigo con anticipación, o la presencia de estos, su fuerza física ha adquirido proporciones extraordinarias. Como él mismo narra a Germán, sin poder explicárselo "...veo un aparato y ya sé como funciona." Ha adquirido los poderes necesarios para tener posibilidades de enfrentar al invasor. No hay explicación sobre ello.
           
            En el primer enfrentamiento, el Ello, camuflado, contesta a la observación de el Eternauta sobre que no es un mano:             "¡Yo también se que vos no sos un ser humano!"
            Germán observa la drástica mutación de la identidad de Juan, que lo convierte en superior y distinto a todos los demás; con lo cual, no puede desarrollar relaciones de pares. "Nadie podrá quererlo de verdad... es demasiado diferente, ni siquiera Elena... Los únicos iguales son los enemigos, los "Ellos"."
            El Eternauta ha pasado a ser sobrehumano, una especie de superhombre, ha adquirido poderes para funcionar en la historia como un vanguardista iluminado que siempre tiene la razón y a quien no queda otra posibilidad que seguir. Pero también, las formas del Eternauta de relacionarse con los otros seres humanos, y sus estrategias para enfrentar al invasor, han cambiado radicalmente. Directamente emite órdenes y exige -explícita o implícitamente- que los demás obedezcan. Germán es arrastrado y utilizado por el Eternauta en sus planes, la mayoría de las veces sin dar explicaciones sobre por qué hace lo que hace... ¿Es ese el tipo de relación que Osterheld, en su militancia, aceptó de la cúpula de Montoneros? Todo indica que sí. Al parecer, cuando lo capturan los militares, concurría en lugar de un dirigente más encumbrado a una cita que suponían estaba cantada.
Justamente el cambio más radical en la modelización de valores entre la primera y la segunda parte lo constituye la relación medios-fines que argumenta y aplica el Eternauta. En varios de los enfrentamientos, Salvo no ha evitado la muerte de algunos de sus aliados en función de un cálculo de que era necesario que perecieran para lograr el triunfo. Cuando avanzan para dar un "golpe comando" al fuerte y al Ello que allí se refugia, sacrifica a toda la columna a excepción de Germán y Biguá, luego dice:
"Lo siento era necesario que desaparecieran. ¡Los deje convertir en robots para ganar tiempo... tenía que entender el cronomaster!"
            "Pero su sacrificio no será en vano... ¡Gracias a ellos podemos luchar contra el fuerte! ¿Qué importan unas cuantas vidas?"
            Germán es quien testifica el accionar sin miramiento del Eternauta. Pero sólo en algunas ocasiones se pregunta sobre el sentido de su accionar. Lo sigue, lo secunda y lo obedece:
            "...somos como perros tras el amo, ni idea tenemos     de sus propósitos."
            Luego, el Eternauta sacrifica a Biguá para librarse de un mano, y finalmente cuando -al estilo de superhéroes- atacan a los zarpos y manos que están exterminando a los habitantes de las cuevas, deja que mueran Elena y Martita –su esposa e hija-, como algunos de los mejores amigos de Germán, al priorizar la defensa del lugar donde se encontraban más personas.
            El leit-motiv de su deambular por el tiempo y el espacio lo había constituido la búsqueda de su esposa e hija; las sacrifica, luego, en miras de un cálculo "racional" de medios y fines.
            Es difícil imaginar cómo hubiera continuado Oesterheld la historia después de que en las últimas páginas Germán es trasladado en el tiempo a una plaza en el año 1976, a su lado pasa el Eternauta que dice al observar que Germán se levanta y lo sigue:
"Sabía que vendrías, Germán... Te necesito."

            En una reflexión de Germán veíamos como pensaba que los únicos que eran iguales al Eternauta eran los Ellos. Consideramos que en esta observación se sintetiza el aparente vuelco radical de la modelización que ofrece Juan Salvo en relación a la primera parte. Sin embargo los comentarios y observaciones de Germán, devenido co-protagonista y relator de toda la historia, no permiten que el modelo, cierre y funcione como tal:
                        "Vencimos, sí... pero a qué precio".
            Podríamos hipotetizar que existe una tensión entre la positivización y la negativización del modelo del Eternauta vanguardista iluminado, donde no importan los medios y sí exclusivamente el fin. En la tensión entre las acciones de Salvo convertido en suprahumano y las observaciones del relator la modelización queda irresuelta. Se podrá alegar -por ejemplo- la alegría del renacimiento de la vida y de su desarrollo para los habitantes de las cuevas que sobreviven; pero a dicha alegría se podrá contraponer la pérdida definitiva de la esposa y la hija para Juan Salvo (al menos en cuanto Oesterheld no pudo darle una continuación a esta historia, que reparara “el daño"), la pérdida del sentido de su búsqueda. Perdido el por qué de las acciones del personaje, convertido él mismo en un superhombre, es difícil imaginar una tercera parte, salvo que por un forzamiento argumental -que terminaría de quebrar la verosimilitud- se reviviera a Elena y Martita.

            Es difícil determinar un modelo de sociedad planteado en forma directa, en El Eternauta. En todo caso, existen el modelo de la situación pre-nevada en la primera parte, y el de la reconstrucción realizada por los pobladores de las cuevas, después de la derrota de los Ellos en la segunda parte. Podemos pensar que el modelo surge por lo que no es, dado que en la narrativa de aventuras lo que prima es la irrupción de lo excepcional, que en el caso de El Eternauta no es lo venturoso. El modelo de la conclusión es el de una sociedad basada en la solidaridad, pero donde también tiene un lugar clave el conocimiento, y el desarrollo tanto tecnológico como económico. Prácticamente una versión socialista del progreso asegurado a través del progreso tecnológico, el sueño efímero de la modernidad.
 Si los vemos en el tiempo que implican la primera parte primera versión, la primera parte segunda versión (dibujada por Alberto Breccia y publicada en 1969) y la tercera parte, el modelo del "nido" constituido por la familia, los amigos, el buen pasar económico y el chalet como un castillo, aparece como no viable en la segunda versión, no viable porque implica ignorar los factores de dominación -que se construyen en el modelo que Oesterheld delinea allí- que hacen débil la situación supuesta como ideal. Esa propia debilidad parece ser la que obliga a convertirse en "guerreros", en "milicianos", para poder conquistar, o posibilitar, una nueva sociedad como la que construyen los pobladores de las cuevas luego de la derrota de los ellos. El sacrificio de muchos de los pobladores es justificado en función del fin.

            Ahora bien, si consideramos el orden cronológico en que fueron escritas las historias el cierre está dado por las dudas y reflexiones del Héctor Germán Oesterheld personaje de la segunda parte de El Eternauta, pero que es también el Héctor Germán Oesterheld de carne y hueso que escribe la historia ya clandestino, que se permite dudar sobre el sentido del triunfo por el costo de vidas que ha tenido –en la historieta- y extrapolamos, nosotros -porque Oesterheld fue fiel al guión hasta las últimas consecuencias- sobre el sentido del martirio, de seguir poniendo el pecho a las balas cuando ya no había posibilidades de triunfar por ese medio, en la realidad. Recordamos aquel pensamiento de Antonio Gramsci sobre que no tiene sentido apelar a la violencia de las armas sino existen posibilidades reales de triunfar(18), porque –entre otras razones- al pueblo le costará mucho más rehacerse de las muertes de sus mejores hombres que al enemigo. Oesterheld era uno de los mejores hombres del pueblo.

 
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