La condición de la Geografía: una introducción a la obra
geográfica de David Harvey*

Xosé Constenla Vega
Universidade de Santiago de Compostela
xosec@hotmail.com

demasiada frecuencia la realidad social de la dinámica espacial. Probablemente, estos grupos de lectura tuvieron mucha más importancia en su tiempo, ya que fueron los encargados de estudiar y recensionar numerosas obras de corte marxista, dando lugar a una aportación definitiva para la difusión del materialismo histórico.

Existen, como es natural, algunas diferencias entre la tendencia de pensamiento marxista norteamericana y la británica en geografía. En la obra Teoría y método en la geografía humana anglosajona (1985), García Ramón señala que en Gran Bretaña apareció una nueva corriente que denomina «geografía crítica». En este sentido, la obra del geógrafo inglés D. Gregory, Ideology, Science and Human Geography (1978) recoge los esfuerzos de esta corriente muy dirigidos a renovar «las ciencias sociales después de las crisis postpositivista y postbehaviorista» (García Ramón, 1985).

La geografía radical de corte marxista se estableció con cierta importancia en el ámbito norteamericano, recogida en pequeños grupos de intelectuales aislados, como una alternativa directa a la organización espacial que estaba tomando, especialmente en el contexto urbano, el país a finales del siglo XX. Esta dinámica territorial respondía a procesos de índole social y económica y parecía que sólo a través de una crítica a la coyuntura existente podían surgir propuestas alternativas para equilibrar el espacio. Las nuevas preocupaciones suponían un profundo cambio conceptual; el espacio ya no era considerado euclidiano y abstracto, sino que era un producto social y, por lo tanto, podía adquirir numerosas formas en función del comportamiento y de las actividades humanas. Sin embargo, las técnicas que habían empezado a aplicarse en las tendencias de corte neopositivista —estadística y cartografía digital (sólo por citar algunas)— seguían teniendo plena vigencia para el desarrollo de las investigaciones científicas en geografía, a pesar de que, en aquel momento, esta nueva instrumentación de la que se dotaba el geógrafo era empleada, bajo máximas de compromiso, para encontrar propuestas alternativas que redujesen las desigualdades y los desequilibrios. Estas propuestas de transformación, necesarias para paliar las crecientes desigualdades, se sostenían únicamente en la modificación del comportamiento y del pensamiento social. El capital, tal y como dice Marx, constituye una producción social e, independientemente de los factores de producción, las condiciones suficientes para que exista acumulación de capital, se encuentran en la propia dialéctica del pensamiento y del comportamiento humano.

En esta tendencia de pensamiento radical en la geografía anglonorteamericana destacan numerosos autores e importantes obras que trataban los grandes conflictos de las sociedades capitalistas avanzadas. No constituye tarea de este artículo recordar a todos, ni analizar la obra de cada uno, pero sí consideramos importante citar a aquéllos que nos parecen más sobresalientes, con el fin de entender cual es el contexto geográfico en el que se inscribe la producción científica de David Harvey. Entre ellos, destacan las conclusiones aportadas por Richard Peet en su obra Radical Geography: Alternative Viewpoints on Contemporary Social Issues (1977) y dentro de ellas las ideas básicas de uno de los artículos que componen esta obra, suscritas por el geógrafo norteamericano William Bunge3, con el título «The first years of the Detroit Geographical Expedition»4.

La New Left Review y la reinvención de la Geografía

Personalmente, tomé contacto con la figura y con la obra geográfica de David Harvey a través de las lecturas de la publicación periódica New Left Review. Concretamente, con el número 25 de su reedición a partir del año 2000, tras un tiempo de reestructuración, en un artículo suscrito por Perry Anderson6 bajo el título «Renovaciones» (p. 5-20). En el mismo, se presentan los cam-bios más sobresalientes de la nueva línea a seguir por la revista, en una evaluación de la escena política y cultural de la década de 1990. Anderson hace un repaso a través de las diferentes tendencias de pensamiento, deteniéndose en el marxismo occidental y poniendo especial interés en el marxismo anglonorteamericano. El nombre de David Harvey en relación con la reconstrucción de la geografía aparecía citado junto a otros tan relevantes como Fredric Jameson en materia de tendencias culturales y la teoría de la posmodernidad; Robert Brenner y Giovanni Arrighi en materia de ciencia económica; Tom Nairn y Benedict Anderson en contacto con la ciencia política y los conflictos que presenta el nacionalismo moderno, y Terry Eagleton y T. J. Clark en los ámbitos literario y visual7. Este descubrimiento supuso el inicio de un camino que corroboraba, de algún modo, la importancia que desempeñaba la ciencia geográfica en relación con otras disciplinas y la confirmación de las esperanzas que había puesto en mi intención de estudiar esta ciencia y tratar de dinamizar y dignificar, en el futuro, sus estudios.

Más tarde, en el número 58 de la misma publicación, aparecía recogida una entrevista a este geógrafo británico que se presentaba bajo el título de «Reinventar la geografía» (p. 107-126). En esta entrevista, David Harvey repasa su trayectoria intelectual y política y reflexiona sobre la importancia de los procesos de producción social del espacio en las sociedades capitalistas avanzadas. El autor vuelve a reivindicar con fuerza la construcción de una geografía histórico-materialista como una herramienta fundamental para comprender las dinámicas sociales de explotación y dominación. A lo largo de la totalidad de las páginas, se observa la profundidad de las reflexiones y de las inquietudes geográficas frecuentes en la obra del autor. Harvey es indagado con destreza por un entrevistador que no aparece reconocido (pero que bien pudiera ser de nuevo el editor de la publicación, Perry Anderson), empleando un lenguaje y un conocimiento de la obra, ya no sólo de Harvey, sino de todo el pensamiento marxista occidental, que desembocan en unas cuestiones construidas con brillantez y que en ocasiones constituyen parte de la respuesta. Sin duda, este material bibliográfico supuso el inicio y, a posteriori, la base fundamental de la tensión investigadora de mis reflexiones futuras sobre el autor.

La obra de David Harvey constituye una importante contribución para el enriquecimiento de la ciencia geográfica. Pero no es sólo eso, constituye un ejemplo de toma de conciencia de las desigualdades sociales y su papel en la configuración del espacio, del compromiso social de un geógrafo, en la transformación de la sociedad. De ahí su trascendencia y su interés. El conocimiento, geográfico o no, sólo supone un «arma» eficaz y eficiente para modificar y transformar el caos humano, en la medida en que exista un compromiso social o moral que lo dirija, así como el compromiso ético o moral de nada sirve si no se alimenta constantemente de las diversas fuentes de conocimiento científico que existen, por lo tanto, en continua relación dialéctica con la realidad. La geografía de Harvey se comprometió, desde la crítica al funcionamiento del capital financiero en los procesos sociales con incidencia en la dinámica espacial, a establecer propuestas alternativas de actuación. Para eso, realizó una profunda reflexión asistiéndose del materialismo histórico de Marx, que le facilitó, por lo menos, un contexto metodológico conciso y un marco dialéctico concreto. Además, le confirió una preocupación constante por el funcionamiento del modo de producción capitalista y una tensión continua que lo llevaba a profundas reflexiones en el plano teórico y a una militancia comprometida donde desarrollar la praxis en un ámbito más cercano y local.

A día de hoy, las principales obras del legado bibliográfico de Harvey se pueden reducir a siete9. Explanation in Geography (1969), Social Justice and

   
Páginas: 1 2 3 4 5 6 7 8 notas